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21.11.2016 Críticas  
Zarzuela en domingo

El Teatro de la Luz en la Gran Vía madrileña programa para las matinales de los domingos de noviembre y diciembre un espectáculo musical – AIRES DE ZARZUELA- de ambiente festivo haciendo un recorrido por algunos de los números más conocidos de una selección de zarzuelas.

Aprovechando el decorado preparado en el escenario para otro musical en cartel, Don Juan, durante hora y media nos trasladamos con la imaginación a distintos puntos de la geografía española presentes en los dúos, romanzas y danzas de nuestras zarzuelas. Sobre el fondo del escenario se proyectan escenas y fotografías del Madrid de principios de siglo para ambientar el inicio de la representación con el preludio de La Revoltosa y Agua, Azucarillos y Aguardiente siguiendo con la romanza Madrileña Bonita de La del Manojo de Rosas.

El tenue hilo argumental que enlaza los distintos números se excusa en una retransmisión radiofónica que está preparando un humilde elenco de artistas y que están ensayando en un escenario prestado por un amigo del director del grupo. Asistimos a estos ensayos, a su preparación, al desorden e improvisación y a las prisas por la premura de tiempo del que disponen. Todo ello bien llevado, con humor y con gracia que amenizan los espacios entre números. Acertadamente incluyen unos simpáticos guiños publicitarios de la época que patrocinan la emisión y ayudan a trasladarnos un siglo atrás. La función transcurre así muy entretenida, sin pausas y pasando de manera muy inteligente de un aria a un dúo o danza con sus correspondientes cambios de vestuario. 

El reparto está encabezado por el tenor Julio Morales en el papel de director de la compañía acompañado por el barítono Antonio Torres y las sopranos María Rodríguez y Gema Scabal. Todos ellos actúan y cantan muy bien dando a cada número la frescura y el encanto que requieren teniendo en cuenta la dificultad de cambiar en unos segundos de una zarzuela a otra, de la picardía castiza de Madrid al pintoresquismo oriental de “El niño Judío”, del romanticismo de la “Canción del Ruiseñor”de Doña Francisquita al humor del dúo de la Africana.

Buenas voces y buena técnica que entusiasmaron al público que aplaudía con ganas cada número; y también buen trabajo de representación de los distintos personajes.
La coreografía corre a cargo de la bailarina Cristina Arias que merece cuestión aparte, desde el inicio con el Preludio de La Revoltosa, pasando por los Intermedios de la Boda de Luis Alonso y la Leyenda del Beso, culminando con la jota de La Dolores. Ella y su pareja de baile Francisco Guerrero, nos deleitan cada vez que aparecen en el escenario.

El acompañamiento musical durante casi toda la función corre a cargo de Celsa Tamayo al piano, integrada perfectamente en la representación. Mención especial merece la despedida con dos de los números más acertados y celebrados por el público: el cuarteto de «Las Caleseras» de El Barberillo de Lavapiés y, la ya citada, «Jota de La Dolores» que actúa como punto final con todo el elenco sobre el escenario recibiendo la ovación del público asistente al estreno. 

Un espectáculo, en resumen, muy acertado para los amantes y conocedores del género que disfrutarán recordando estos números. Y una oportunidad para los jóvenes y espectadores que no se hayan acercado antes a la zarzuela y que tienen la oportunidad de descubrir algunas de las más conocidas. Un acierto de programación en las mañanas de los domingos para, al salir del teatro, seguir tarareando la música mientras tomamos el aperitivo en el centro de Madrid. 

Crítica realizada por José Luis Moreno

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