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23.01.2023 Críticas  
Lo que pudo haber sido

If (La ligereza) vuelve a la Sala Cuarta Pared de Madrid tras el buen sabor de boca y la sonrisa que provocó a los espectadores que la vieron durante el Surge Madrid. Una propuesta escrita por Pedro Casas que crece con su dinámico, inquieto e ingenioso trabajo de dirección y seis actores que lo pueden y lo dan todo.

If hace honor a un subtítulo que la describe y la proyecta. Todo en ella es ligereza, pero no como sinónimo de simpleza, sencillez, diafanidad o liviandad. Es ligera porque fluye, no se ancla, te lleva, te trae… Pero tampoco salta, olvida y deja atrás. Cuanto ocurre, se dice y representa sobre el escenario va generando un poso, un cúmulo de capas en lo que lo importante no es solo la narración expresada y la emocionalidad transmitida, sino lo que queda de ello.

Somos el resultado de una multitud de decisiones, una posibilidad que fue entre otras muchas que no fueron. Y la interrogante está ahí, perpetua, invisible, flotando. ¿Qué hubiera sucedido si hubiéramos actuado de otra manera? ¿Renunciamos a lo correcto? ¿Optamos por quien debíamos? ¿Fuimos demasiado valientes u obstinadamente conservadores?

Esa es la propuesta de La ligereza y el propósito en el que implica a sus espectadores. Su prólogo es el inicio de seis posibles historias de las que solo se representarán tres en las que sus personajes tendrán que, a su vez, elegir si se van con él o con ella, si dicen la verdad o se refugian en una mentira piadosa, si aceptan su monotonía o se lanzan al vacío de la fantasía.

El juego de esa representación queda fijado con la decisión previa que hemos de tomar los que habitamos el patio de butacas. Cuál vemos y cuál no. Incluso la pasividad, el ser meros testigos nos hace partícipes influyentes. No es la única vez que Pedro Casas tira abajo la cuarta pared, lo volverá a hacer generándonos la sensación de que somos nosotros los que cumplimos el sueño de vernos dentro de la acción como si estuviéramos en una suerte de experiencia inmersiva.

Coordenadas en las que se dan situaciones cotidianas con mimbres de realismo y planteamientos discursivos con destilados de existencialismo. Mas planteados con un fino sentido del humor en el que se unen una retórica recurrente, un movimiento corporal tan expresivo como físico, labor de Jordi Vilaseca, y una escenografía e iluminación, firmadas por Pablo Garnacho y Álvaro Espinosa, tan bien diseñadas como ejecutadas.

Una buena base sobre la que brilla el amplio trabajo interpretativo, a la par que coral, complementario y compenetrado de sus seis actores. La riqueza y detallismo que ofrecen en sus múltiples papeles, roles e intervenciones Andrés Acevedo, Tania Medina, Marta Pons, Iván Serrano, Luna Mayo y Jorge Vidal, no solo materializa lo escrito por Pedro Casas, sino que le da una vivacidad que nos seduce y atrapa haciéndonos sentir que lo que allí expuesto, una ficción aparentemente solo posible bajo los focos bien pudiera ocurrir también en la realidad a la que volvemos cuando salimos de la Sala Cuarta Pared. Pena que aquí la alegría, la ilusión, el disfrute y el goce no sean tan continuos como en La ligereza de If.

Crítica realizada por Lucas Ferreira

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