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02.01.2018 Críticas  
Bernarda Alba Revisited

Otro proyecto atractivo e interesante en los Teatros del Canal, y otra oportunidad más de acercarse al granadino, versionado por José Manuel Mora y dirigido por Carlota Ferrer, con un elenco llamativo, y un montaje valiente, que es de agradecer frente a la cada vez mayor crisis cualitativa de los teatros públicos de la capital.

Esta no es la casa de Bernarda Alba lleva al escenario una de las obras cumbre de Lorca, cerrando el 2017 que ha sido, mas que nunca, su año. Siguiendo la estela de la revisionista «Bodas de Sangre» de Messiez, supone la actualización del drama rural, interpretada ahora por hombres y una mujer (dando la vuelta a esa historia de mujeres y un hombre), dando voz a esas hermanas enclaustradas entre blancas paredes, por la negra sombra de una severa y enlutada madre.

Cuatro son los pilares de «La Casa de Bernarda Alba», la Poncia, las hijas, la propia Bernarda, y Adela; cuatro columnas que mantienen la coja estabilidad de una casa/familia en ruinas que se tambalea por esa Adela intentado librarse de esa carga.

Voy a entrar a valorar la propuesta de Carlota Ferrer, obviando los diez (largos) últimos minutos. Innecesarios y descontextualizados. Creo que solo haciendo esto puedo dar valor al conjunto, que en si mismo tiene toda esa carga que, en lugar de subrayar, desgasta, por su discurso violento e incómodo, ante una audiencia que no es la destinataria contra la que cargar, y que lo recibe de forma estéril, y causando rechazo (pude presenciar abandonos airados en los aplausos).

De sobra sabemos el argumento de esta tragedia, que aquí, para mi grata sorpresa, está tomada en clave de comedia, que es como recuerdo haberme aproximado al original siendo púber. Los choques entre la Poncia y Bernarda son menos potentes aquí, pero la relación entre las hermanas y Martirio, y esa abuela encerrada, son las que despiertan las sonrisas del respetable.

Ya solo elegir a Eusebio Poncela como Bernarda, era más que razón suficiente para asistir al espectáculo. Su Bernarda es una versión descafeinada, aunque aún no he presenciado una interpretación de la sargento Alba (ni siquiera la Espert en el Matadero años ha) que tenga imprima la fuerza y la potencia que precisa esta villana. Su antagonista, Óscar de la Fuente, es una Poncia en clave clown rural, que arrolla a Bernarda; De la Fuente es un robaplanos ejemplar que nos deja con ganas de más.

Sobre el resto del elenco, Guillermo Weickert, imbuido del espíritu lorquiano tras su paso como Caballo en «El Público», ofrece un despliegue de potencia danzante, de quitar el hipo. Al igual que la presencia de Julia de Castro, que aunque sea sin hablar, es magnética. La Adela de Jaime Lorente, ofrece la juventud requerida, pero no el arrebato que la arrastra a ese Pepe Romano, Igor Yebra, y su anodina aportación.

Carlota Ferrer ha sabido dejar su sello en este montaje de Bernarda Alba, y pero vuelve a pecar de «corta rollos’ rompiendo los clímax de sus montajes; ya lo hizo con el estupendo «Blackbird» en el teatro Kamikaze, con el interludio musical, y aquí, con un monólogo final. El telón translucido que oculta el final, provoca confusión, y saca al espectador de la historia; solo escuchamos lo que acontece, mientras una videoproyección que sospecho, sufrió un error técnico en el estreno, no transmite nada de lo que se pretenda, a no ser que sea confusión.

La puesta en escena limpia y conceptual, es memorable, y pese a ciertas decisiones, como esos payasos con ecos del AHS: Cult de Ryan Murphy, o el incómodo monólogo final à la Liddell, Esta no es la casa de Bernarda Alba se disfruta, y es recomendable para todo aquel curioso de la actualización de nuestros clásicos.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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