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02.06.2017 Críticas  
El teatro de variedades vuelve al Paral·lel

La Sala Barts ha sido el recinto que ha acogido la visita de la compañía Los Quintana en la ciudad condal. Noc, Un Auténtico Vodevil retoma un género que no se suele encontrar en nuestras carteleras, con excepciones como la saga “The Hole” o el caso que nos ocupa. Única función para un espectáculo que demuestra tener cabida a día de hoy y, lo más importante, público.

N de noche, O de ovación y C de complicidad. El título es carta de presentación y, a la vez, declaración de intenciones. Sin falsas pretensiones pero sin condescendencia, lo que nos seduce al final es que las tres premisas se cumplen. Especialmente la última. Desde un primer momento, Rebeca Medina, la maestra de ceremonias realizará una breve introducción que recurriendo a algunos lugares comunes, nos sitúa en el terreno necesario para disfrutar de la propuesta. Comunes por conocidos, pero siempre bien utilizados.

David Quintana ha sabido dar cuerpo a su espectáculo con un sentido del ritmo dinámico e inquebrantable. Las situaciones se suceden a ritmo vertiginoso y muy bien dosificadas. Sabe tocar todos los palos, siempre fiel al género. Con dignidad (y alevosía). La puesta en escena funciona muy bien, tanto a nivel de diseño, para que todas las disciplinas tengan cabida, como estético. La iluminación resalta y espectaculariza todo el conjunto.

Tanto el elenco como la selección musical (y sonora en general) se convierten en lo mejor de lo espectáculo. Todos ellos encarnan a artistas de music hall o cabaret desde la defensa acérrima de una disciplina artística. El baile, el canto y el playback, pero también el transformismo y la personificación. Más allá de sus aptitudes técnicas, todos los intérpretes demuestran un dominio tan grácil como contundente de la gestualidad facial.

Rebeca Medina, Elsa Cabo, Zaida Díaz, Sergio Franco, David Vento y Joaquín Catalán destacan tanto en los números grupales como en sus solos. De “Sweet Charity” pasando por “Chicago” y “Gypsy”. También canciones más o menos conocidas y versionadas. El uso de escenas de películas célebres demuestra el bagaje cinematográfico del dramaturgo. Sin desmerecer el trabajo del resto, a destacar la comicidad de José Cobrana y el baile de Sergio Frano, así como los momentos de transformismo y playback. Además el trabajo con el aro de David Vento logra dejarnos verdaderamente hipnotizados.

La selección de canciones se utiliza no tanto como hilo argumental y sí para recrear sketches. De nuevo, sorprende el uso del doble sentido que se establece entre letras, sonidos y la interpretación del playback.

Finalmente, se comparte un momento de evasión entre artista y público. A través de las distintas canciones y escenas representadas en playback entendemos el cariño que Quintana y compañía sienten por el género y, además, nos lo transmiten. Premisas (y promesas) todas cumplidas tras hora y media de diversión dentro de lo que imaginamos no se quedará en una única sesión.

Crítica realizada por Fernando Solla

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