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03.08.2018 Críticas  
Un clásico para el teatro más clásico de Barcelona

El Teatre Grec de Barcelona presentaba el pasado fin de semana el musical Carousel, un espectáculo que, aun siendo un clásico de Broadway (su primera representación fue en 1945 y cuyo revival está actualmente en activo en el Imperial Theatre de Nueva York), nunca antes se ha representado en la ciudad condal. Todo un hito a destacar.

Este año, la esperada “Nit de musicals” del Grec Festival ha dejado paso a la presentación, en formato concierto escenificado, del musical clásico Carousel. Un musical poco conocido en nuestro país y cuyo riesgo de presentar en nuestra ciudad era alto. Aún así, el Grec Festival de Barcelona tiene un magnetismo especial en la presentación de espectáculos y pueden permitirse un riesgo que, sabemos, no decaerá. Y así fue, Barcelona se volcó en la compra de entradas del musical llenando todas las butacas de la primera función del sábado 28 de julio y casi la totalidad de la segunda función del domingo 29. Un éxito cantado por dos razones: una noche esperada y el elenco protagonista del espectáculo.

Y es que el Teatre Grec tiene un magnetismo casi místico en la venta de entradas. Pocos son los espectáculos que se realicen en el Teatre Grec que no vendan casi la totalidad de las entradas. Un teatro con más 2000 butacas que, casi nunca, baja del 80% de la ocupación. Realmente es un hito a destacar y aplaudir en Barcelona.

Carousel está basado en la obra de teatro húngara ‘Liliom‘ de Ferenc Molnár; la cual fue convertida al musical por Rodgers & Hammerstein. Trata la historia de amor entre Billy Bigelow, responsable de un carrusel de feria y, Julie Jordan, una joven molinera que se dedica a recoger algodón. Ambos juegan al amor, uno más pícaro y mayor; acostumbrado a jugar con ellas. Ella, más joven e inexperta, enamoradiza hasta la médula. El juego inicia una relación de pareja que a ambos le cuesta el trabajo. Una relación de dependencia, tormentos y secretos ocultos.

La versión de Carousel que pudimos disfrutar, dirigida por Daniel Anglès, contaba con caras muy conocidas en nuestro país que hacían que no nos quisiéramos perder el musical. La vuelta a los escenarios de Miquel Fernández (popularizado por el concurso televisivo de Antena 3 Tv; Tu cara me suena), la majestuosidad de Nina sobre el escenario, la calidad vocal y el sentimiento que desprenden Anna Moliner y Diana Roig, la vis cómica de Ivan Labanda en un personaje que le permitió jugar al extremo y, perdónenme que no los nombre en su inicio, pero el Coro de la Escuela Aules el cual sonó de una forma inigualable y que incluye muchas de las voces que se convertirán en los actores del musical del futuro.

Miquel Fernández convence en su papel de Billy Bigelow, jugando al hombre varonil y pícaro por el que todas pierden la cabeza. Peligroso pero comprometido. Su relación con Julie Jordan cambiará mucho en el tiempo, llegando a un punto que ni él mismo espera. Julie Jordan, interpretada por Diana Roig, es sencillamente cálida. Su personaje no permite evolucionar mucho durante los años. Ella sigue siendo la misma chica enamoradiza que suspira ahora por su hombre y que aguantará (lo que ahora vemos como inaguantable) hasta el final por el amor que le profesa. Julie incluye la dicotomía de los malos tratos en la obra; algo que hace dudar al público sobre la justificación que el mismo personaje les da. Pero hemos de recordar que Carousel es un musical de 1945. Época en la que muchas mujeres justificaban estos tratos de la forma que podía justificarlos. Una idea arriesgada para la época (pero necesaria) verbalizarlo en un texto de un musical clásico que rompió con el tabú que imperaba.

Por otro lado, tenemos a la pareja perfecta co-protagonista Carrie Pipperidge y Enoch Snow. Anna Moliner e Ivan Labanda, respectivamente, quienes ponen el punto de locura (y muchas veces cordura; por parte de Carrie) en un espectáculo cuyo hilo argumental se deja llevar por lo emocional. Ambos son dos personajes más cómicos en escena pero Carrier siempre vela por su amiga Julie y la obligará a pensar en decisiones de su vida. Ivan Labanda, Enoch, empieza siendo el hombre idealizado, el hombre perfecto; la seguridad que toda mujer del 45 deseaba tener. Aún así, el personaje evoluciona en dudas existenciales hasta convertirse en el padre de familia que se espera de él. En sí, ambos tienen un papel algo más cómico como contrapunto a la pareja protagonista; una comedia que a veces quede sobrepasada en algunas escenas.

Por otro lado, tenemos a los distintos personajes secundarios que aparecen en el musical en momentos puntuales. Nettie Fowler, interpretada por Nina, es una mujer fuerte que acoge a quien lo necesita. Dueña de la taberna del pueblo con las ideas bien claras. Un personaje creado para poner a una actriz y cantante con experiencia y seguridad: algo que Nina supo tener en las dos o tres escenas en las que aparece el personaje incluyendo el himno “You’ll never walk alone“; tema que junto al apoyo del coro se convirtió en uno de los más aplaudidos de la noche junto al tema principal que canta Julie Jordan, “If I love you“. También hemos de destacar a Félix Herzog como Narrador, quien está en escena en todo momento y nos contextualiza perfectamente el momento que estamos viviendo; maravillosa dicción y ritmo de narración. Y Cisco Cruz, quien interpreta a Jigger Craigin, uno de los personajes secundarios más importantes; ya que, podríamos considerarlo como la mala conciencia de Billy Bigelow personificada. Él hace que Billy se debata entre buscar una solución a sus problemas buscando un trabajo (algo que Billy busca) o ir a lo sencillo, robando. Una decisión que puede acarrear muchas consecuencias en la vida de Bigelow y que Cisco Cruz sabe llevar a la perfección en escena. Un personaje que tiene, posiblemente, las mismas escenas que Nettie y cuyo magnetismo atrae al espectador como contrapunto importante para la historia.

Por otro lado, de nuevo, el espectáculo creado para el Grec Festival Barcelona vuelve a apostar por la danza. Así podremos disfrutar de un cuerpo de baile con cuatro bailarines principales apoyados por varios chicos y chicas del coro. Una oportunidad para volver a ver a Òscar Reyes, quien ahora se dedica a coreografíar espectáculos y a Toni Luque; quien, por su parte, está dedicado a temas de producción de espectáculos. Junto a ellos, Beatriz Macías y Cristina Miralles. Una delicia verlos bailar a los cuatro. A mi parecer, pienso que los cuatro bailarines principales eran suficientes para los momentos de danza en el espectáculo. Efectivamente, hay otros momentos en la obra en los son necesarios más bailarines pero el Teatre Grec no permite ubicar a la orquesta en un foso delantero, por lo que el espacio queda reducido al mínimo. Esto imposibilita tener un espacio físico perfecto para que, visualmente, el cuerpo de baile no se vea tan apretado en escena.

Por último, y no menos destacado, la maravillosa orquesta Pops Symphony, dirigida por Xavier Torras quienes interpretaron la partitura de Carousel de una manera ensoñadoramente fantástica y el Coro de Aules, compuesto por 43 personas, quienes dieron el apoyo perfecto al musical ensalzando la belleza de las partituras compuestas por Rodgers & Hammerstein. Una delicia escuchar un “combo” orquesta y coro que emociona y eriza el bello.

Efectivamente, presentar un musical clásico como Carousel es un riesgo. Un gran elenco, un gran coro, una gran orquesta y para dos funciones. Pero para ello existen festivales como el Grec Festival Barcelona. Para hacernos soñar y disfrutar de espectáculos que, sabemos, no vamos a poder disfrutar en los escenarios de nuestro país. Para traer espectáculos rompedores, inesperados… Traer musicales clásicos es un acierto y espero que el año que viene la tónica siga. ¿Qué musical nos prepararán para el 2019?

Crítica realizada por Norman Marsà

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