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06.05.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Yo solo quiero irme a Francia – Crítica 2026

En el Gran Teatro Pavón de Madrid se presenta la obra Yo solo quiero irme a Francia, una pieza que profundiza en la memoria familiar y las herencias emocionales. A través de sus protagonistas, la historia explora la relación entre tres generaciones de mujeres que enfrentan sus propios anhelos y frustraciones en un contexto de tragicomedia.

El equipo creativo y el elenco están liderados por Elisabeth Larena en la dramaturgia y dirección, junto a las actrices María Galiana, Nieve de Medina, Anna Mayo y María Roja. El apartado técnico cuenta con la escenografía de Fernando Bernués, la iluminación de Nacho Martín, el vestuario de Ana Turrillas y el espacio sonoro de Alfonso Antolín.

No estoy acostumbrado a ir a teatro comercial. O mas bien, me he ido alejando del teatro comercial. Aunque si vamos mas alla, todo teatro tiene una parte comercial aunque sea para poder pagar como se merecen a las actrices, la sala, el equipo técnico y a los equipos creativos. Todo teatro debería ser comercial, y ya que estoy aquí escribiendo solo y no puedo lanzar a L. un pensamiento en alto que él me matice perfectamente porque es objetivamente más inteligente que yo, he consultado a Copilot al respecto y me ha dicho que si despojamos a la palabra «comercial» de la acumulación de capital, lo «comercial» se queda con la esencia del vínculo humano: el intercambio, la palabra dada, el acuerdo mutuo y la capacidad de conectar lo que uno tiene con lo que el otro busca; and I think that’s beautiful.

María Galiana con 91 años, sobre el escenario, presencia perenne sobre el escenario en Yo solo quiero irme a Francia es una proeza en tesón, energía y amor al arte. Yo, cualquier domingo, me cuesta recordar la película que me horrorizó el fin de semana anterior, y Galiana es el puntal que soporta toda la carga de un proyecto que ahora mismo siento que no podría mantener otra. Desconozco si Elisabeth Larena escribió a esta Pilar pensando en María Galiana, que con su trabajo anterior en La reina de la belleza de Leenane, y ahora con esta vieja fascista, está enfilando una trayectoria alejada de la abuela de España (aunque en realidad hay más abuelas antipáticas, fachas y desalmadas, que la retratada por Cuéntame). Y quizás es en este punto que para mi la decisión de enmarcar a la protagonista en el lado golpista de la historia es toda una decisión, y no una precisamente buena.

Dudo mucho que quien vaya a leer esto lo haga de cara a decidir o no ir a ver Yo solo quiero ir a Francia, pero tampoco quiero soltar el giro argumental por el que la audiencia se quede sin aliento en alto, porque es quizás un tropo innecesario que le resta potencia a la propuesta. Y de potencia precisamente no va muy bien servida, precisamente por la ligereza con la que se dota a los arcos del personaje, y al registro de dirección que se le imprime a las actrices, donde María Roja se lleva la peor parte.

El público acudirá al Gran Teatro Pavón para ver a María Galiana en escena, como uno acude a ver a Lola Herrera, porque es La Galiana, y aunque suene crudo, no sabemos cuánto nos queda de poder disfrutarlas en escena. Ley de vida. Aunque la Ley de vida para ellas debiera ser poder estar yendo de homenaje en homenaje, y recibiendo premios, de ciudad en ciudad, mientras están tranquilitas con las amigas en su casa, disfrutando de una pensión digna por todos los años trabajados, cotizados o no. Eso debiera ser Ley de vida, igual que subirte al escenario porque es tu vida, y 20 funciones te permitan darte un caprichito, y quitarte el gusanillo de hacer el arte y ser aplaudida. Nos aplaudimos poco las que no nos dedicamos al mundo del arte. Hay que aplaudirse mas.

Es una sensación extraña la de que se aplique una pedagogía forzada sobre la Sección Femenina ante una platea repleta de ex-miembras de la misma: señoras que gritan «no se oye» y que vociferan «más alto» desde la oscuridad que las ampara y ante la desprotección de los focos a las actrices del escenario. Aunque precisamente el espacio sonoro y sonido de la sala y los microfonados de las actrices no estaban nada ajustados el día del estreno. Bueno, lo que decía, que explicar qué es la Sección Femenina a una audiencia, y que esto sea utilizado como discurso tibio y equidistante, en un momento político en el que la equidistancia es la causa del auge fascista, sin vergüenza, de los últimos años, me parece una decisión autoral que me provoca rechazo y enfado. Que el núcleo de la historia hubiese sido, no se, el Patronato de la Mujer, no hubiese sido Yo solo quiero irme a Francia, pero precisamente la carga ideológica y el mensaje que se manda a la audiencia hubiese sido otro, además de una oportunidad de haber ofrecido una pedagogía (puestos a tener que hacerlo) actual, necesaria y digna.

Cuanto más escribo, siento que me acerco a lo que sentí cuando en el Teatro del Barrio asistí a la representación Homenaje a Billy el Niño (ojo a la sala y ojo al sujeto protagonista) y en un momento del montaje se pedía activamente un aplauso para todxs lxs represalidxs por el cruel protagonista, y entre ellxs estaba una feminista de la vieja guardia y moderna infamia; hecho que afeé en mi opinión al respecto y por el que fui increpado por otro crítico porque no tenía razón de ser afear ese gesto cuando una ha sido torturada por sus ideas. Parece que ser víctima y posteriormente verdugo de tus iguales, te exime de responsabilidad ante actos de acoso y crueldad en el presente.

Este no será el Cinco horas con Mario de María Galiana, aunque ella esté sobre la obra, y al final, una vez que se entra en la ligereza, en la vis cómica que busca agradar a la audiencia, y que Nieve de Medina aparece en escena, con la interpretación más equilibrada del reparto y con un personaje rico en matices; a uno se le olvida las ganas de inicio de salir corriendo del teatro, y se disfruta de una historia con buen fondo, pero mal enfoque, y te acostumbras a que el terrible muesqueo de María Roja y la sensación de secuestro escénico de Anna Mayo se está produciendo, y que los importante es que los personajes de Nieve de Medina y María Galiana, se movían por lo que ellas identificaban como amor. Personas malas, pero con buen fondo. Al menos, esto es ficción.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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