
Con una honestidad brutal y un pulso escénico que no admite tibiezas, Una brillant imperfecció (o mort d’un pianista) despliega en el Teatre Nacional de Catalunya de Barcelona una pieza de danza-teatro que interroga al espectador sobre sus propias miradas y prejuicios. La nueva creación de Vero Cendoya, rechaza cualquier lectura condescendiente y arma una reflexión sobre la discapacidad que duele, emociona y provoca.
Lejos de una narrativa lineal, este montaje inspirado en Brilliant Imperfection de Eli Clare es un ensayo escénico sobre la discapacidad y el derecho a elegir la vida que una persona desea vivir. A través del cuerpo, el movimiento y las palabras, la pieza desmonta la llamada “narrativa inspiracional” que convierte a las personas con discapacidad en objetos de admiración o lástima y propone, en su lugar, una mirada que reconozca la complejidad y legitimidad de cada existencia. Una obra que se siente urgente, necesaria y profundamente humana, sin concesiones a la complacencia ni a lo folclórico.
Vero Cendoya, junto al dramaturgo Israel Solà, construye una puesta en escena que evita lo espectacular para apostar por la autenticidad. La dirección de actores fluye entre la danza contemporánea y el teatro físico, integrando con naturalidad distintos tipos de cuerpos y formas de presencia escénica. La coreografía, lejos de ser un añadido estético, es el motor dramático: cada movimiento, desplazamiento y/o pausa dialogan con el discurso central, poniendo en cuestión nuestras formas habituales de ver y sentir.
El elenco, compuesto por intérpretes como Joel Balseiro, Linn Johannsson, David López, Sònia Molins, Hansel Nezza, Oriol Prats, Jem Prenafeta y Andréa Vibert, no solo ejecuta movimientos o texturas corporales, sino que aporta una presencia singular que desborda cualquier categoría prefabricada. Cada intérprete irradia una fuerza expresiva que no se limita a “representar” la discapacidad, sino a hacerla presencia viva en escena, enriqueciendo el tejido emocional de la obra y exponiéndose como persona al público presente.
En la parte técnica, destacar como el conjunto acompaña y potencia el discurso sin caer en lo redundante. La iluminación y el espacio, diseñados por Cube.bz, generan atmósferas que oscilan entre lo íntimo y lo expansivo, marcando ritmos precisos de atención en la historias personales que nos comparten; y transformando la escena completamente entre historias. El sonido y los subtítulos, a cargo de Cristian Pérez, articulan capas sonoras y textuales que enriquecen la escucha y subrayan el mensaje, apoyando la complejidad de las voces presentes. El vestuario de Pau Aulí, funcional y sugerente, acompaña sin distraer, mientras que la composición musical de Adele Madau y Rai Jiménez sostiene, con sutileza, los pasajes más reflexivos y poéticos. El vídeo de Joan Carles Lausin y Vero Cendoya, y la fotografía de Kiku Piñol completan un universo visual coherente con el tono de la pieza.
Una brillant imperfecció (o mort d’un pianista) es un claro recordatorio de la necesidad de montajes que pongan en el centro voces y cuerpos que la escena convencional suele marginar. Esta pieza no solo conmueve y cuestiona, sino que celebra la diversidad como riqueza escénica y humana. Es, en definitiva, un espectáculo que no solo merece ser visto, sino que invita a mirar con más honestidad y complicidad, reafirmando que la escena contemporánea tiene espacio —y urgente necesidad— de multiplicar estos discursos inclusivos.
Crítica realizada por Norman Marsà




