
Hay familias que heredan fotografías, casas o apellidos. La familia Pla-Solina ha heredado el teatro. Travy, en el Teatro de La Abadía de Madrid, convierte esa herencia en materia escénica a través de una propuesta que mezcla clown, autoficción, humor y metateatro para hablar no solo de una familia de artistas, sino también de las tensiones entre tradición y contemporaneidad.
Escrita por Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina y dirigida por este último, la obra reúne sobre el escenario a los propios miembros de la familia: Quimet Pla, Núria Solina, Diana Pla y Oriol Pla. El resultado es una función que juega constantemente con los límites entre realidad y ficción, entre personaje y persona, haciendo del caos familiar su principal motor creativo.
Uno de los aspectos más interesantes de Travy es cómo convierte los propios códigos del teatro y del circo en tema central de la función. La obra enfrenta dos maneras de entender la escena: por un lado, el clown y el teatro popular heredado de los padres; por otro, la búsqueda contemporánea de nuevas formas escénicas representada por los hijos. Ese choque generacional atraviesa toda la propuesta y genera algunos de los momentos más cómicos, pero también más emotivos. La familia parece entenderse mejor desde el escenario que desde la vida cotidiana, utilizando el juego teatral como forma de comunicarse cuando las palabras ya no son suficientes.
La dramaturgia construye un constante juego metateatral en el que los intérpretes parecen ensayar, discutir y crear la propia obra que el público está viendo. Esta estructura permite que Travy se mueva continuamente entre la comedia y la reflexión sobre el propio oficio teatral. El espectáculo funciona además como homenaje a toda una forma de entender el teatro: artesanal, física, popular y profundamente ligada al cuerpo y a la presencia escénica. Hay números clownescos, momentos absurdos, música, improvisación aparente y una sensación constante de desorden cuidadosamente construido.
Gran parte de la fuerza de la función reside en el trabajo del reparto. La complicidad real entre los cuatro intérpretes atraviesa toda la obra y hace que incluso los momentos más caóticos mantengan una enorme sensación de autenticidad. Destaca especialmente Quimet Pla, cuyo sentido de la comicidad aporta algunos de los momentos más imprevisibles y divertidos de la función. Pero el montaje funciona precisamente gracias al equilibrio entre todos los miembros de la familia, capaces de pasar del humor más disparatado a escenas mucho más íntimas y vulnerables.
Travy es una celebración del teatro y de las familias que dedican su vida a él. Una propuesta libre, caótica, divertida y profundamente humana que convierte las contradicciones familiares y artísticas en un juego escénico lleno de imaginación y sensibilidad. Un homenaje al oficio de actuar y, al mismo tiempo, una reflexión sobre lo difícil que resulta separarse de aquello que uno ha heredado.
Crítica realizada por Mar Gimeno




