
La Sala Beckett de Barcelona acoge estos días Tinc un bosc al cervell, una suerte de drama-thriller psicológico escrito por la alicantina Guadalupe Sáez que se adentra en la pérdida, los vínculos familiares y la gestión del silencio, cuando este deja de serlo.
Tras recibir el año pasado uno de los Ajuts Bernet i Jornet que otorga la Beckett, Guadalupe Sáez presenta ahora la dramaturgia surgida de ese proceso. Alícia Gorina se encarga de llevarla a escena en un montaje original donde los haya, que suma además la pequeña gran dificultad de trabajar con niños.
La historia parte de una madre que lleva a su hijo a un centro comercial para que juegue en un castillo inflable. En cuestión de segundos, el niño desaparece. Todo lo que sucede a partir de ese instante —las emociones iniciales tras la desaparición, la incredulidad ante lo ocurrido y los sentimientos de culpa que habitarán su cerebro para siempre— conforma Tinc un bosc al cervell, articulado como un diálogo interior que observamos de principio a fin.
La autora se sirve de la trama no solo para ficcionar un drama, sino también para visibilizar una realidad: la desaparición de niños y el impacto devastador que deja en sus familias. Datos escalofriantes que se traducen en miles de casos no resueltos, con vidas suspendidas y heridas que permanecen abiertas durante décadas.
Alícia Gorina traslada todo este material a escena de una forma atrayente, haciendo que gran parte de la función transcurra dentro de una caja de cristal con cajones, eficaz metáfora del cerebro. Xevi Oró, responsable del espacio escénico, firma un trabajo experimental y pulcro que, junto a la iluminación de Quim Algora y el diseño sonoro de Guillem Rodríguez, conduce al espectador por una experiencia que transita entre el teatro y la instalación artística, introduciéndonos en la mente de una madre traumatizada de por vida.
Gorina, además, demuestra su pulso en la dirección de actores al obtener una interpretación impecable de los tres actores jóvenes del elenco, con una intervención extensa y exigente, atravesada por cambios constantes de registro que se resuelven con naturalidad y sin fisuras en la continuidad del espectáculo. Pau Montserrat, Alejandra Cid y Lila Sina, figuras del hijo desaparecido —y, por extensión, de todos los niños ausentes—, dialogan escénicamente con Rosa Boladeras, histriónicamente impoluta en la composición de una madre marcada para siempre, condenada a no volver a ser la misma.
Tinc un bosc al cervell se sostiene sobre una factura intachable y propone un experimento cuasi catártico que nos arrastra por el dolor y la desolación de una madre irrecuperable. Una vez más, la Sala Beckett conecta con el País Valencià en un intercambio de proyectos que deja una propuesta hermosa e inolvidable, ya indeleble en el tejido teatral barcelonés.
Crítica realizada por Diana Limones




