
El Teatro Real de Madrid cierra la temporada con un Verdi. Se le dan bien al Real los italianos y lo aprovecha al máximo. Nabucco era una deuda pendiente y se salda la deuda con un montaje pobre y monótono en lo escénico pero sobresaliente en las interpretaciones, con un Coro haciendo historia en el Real.

El Gran Teatre del Liceu llega a un punto culminante de la presente temporada con una magnífica aproximación al WERTHER de Jules Massenet. La puesta en escena de Willy Decker deslumbra a un público que, en la tarde del estreno, encumbró a Piotr Beczala como primera figura lírica tras exigir, mediante calurosísima ovación, el bis de “Pourquoi me réveiller”.




