
L’últim àtom puede verse estos días en el Teatre Goya de Barcelona. La nueva propuesta de Jordi Oriol vuelve a demostrar que pocos autores juegan con el lenguaje, las ideas y las contradicciones humanas con tanta libertad como él.

Inútil (un cactus i altres desastres) florece en El Maldà de Barcelona como una de esas propuestas pequeñas en formato pero enormes en sensibilidad. Una terapia pop-folk sobre la depresión, la autoexigencia y el síndrome de la impostora. Y una mirada honesta a todas esas grietas emocionales que solemos esconder bajo la aparente normalidad.

El dia que va morir David Bowie llega al Teatre Akadèmia de Barcelona como un descenso emocional a la noche barcelonesa y a todas esas identidades que intentamos construir mientras nos rompemos un poco por el camino. Un viaje entre el deseo, la culpa y la necesidad de aceptarse. Y el eco constante de una pregunta: ¿qué hacemos cuando el personaje que hemos creado deja de protegernos?

El lladre de llibretes se instala en la Sala Versus Glòries de Barcelona como una de esas pequeñas joyas que crecen en la cercanía. Un relato íntimo y profundamente humano. Y una pregunta que lo atraviesa todo: ¿hasta dónde puede salvarnos el conocimiento?




