
La Sala Atrium de Barcelona presenta La meitat de l’ànima, una adaptación de la obra de Carme Riera bajo la dirección de Magda Puyo. En este acogedor e íntimo espacio teatral, las intérpretes Mercè Arànega y Antònia Jaume nos sumergen en un relato marcado por el misterio, la memoria y las heridas familiares. Una historia que, poco a poco, va atrapando al espectador en la búsqueda de una verdad que parece imposible de alcanzar.

La Sala Beckett de Barcelona acoge estos días Tinc un bosc al cervell, una suerte de drama-thriller psicológico escrito por la alicantina Guadalupe Sáez que se adentra en la pérdida, los vínculos familiares y la gestión del silencio, cuando este deja de serlo.

El anime de chicas mágicas, los tres tesoros sagrados de Japón y los videojuegos RPG de fantasía heróica chocan contra la impasibilidad de nuestro mundo real, doloroso y festivo, en lo nuevo de la compañía La Salamandra en El Tantarantana de Barcelona, Isekai: història d’un segrest. ¿Es posible conseguir una vida extra cuando se te han cerrado todas las puertas?

El colectivo feminista que hoy conocemos como Las Sinsombrero (y el Lyceum Club, y el Círculo Sáfico) fue doblemente damnificado por la Guerra Civil Española. Primero el Franquismo las borró de la historia. Y después, en Democracia, fueron ninguneadas por sus compañeros de exilio. El Teatre Akadèmia de Barcelona presenta el musical Victorina que reivindica sus nombres y sus vidas.

La Sala Versus Glòries de Barcelona estrena La grieta. A partir del universo creado en 2013 por la web-serie homónima, la dramaturgia de Gracia Morales y Alberto Salvatierra visibiliza las realidades ocultas tras actitudes no por cotidianas menos cuestionables. La aproximación de la Cia La Simone aporta una mirada cómplice, dirigida con reciprocidad y escucha por Concha Milla.

La Peleona se pasa al pugilismo aviar en el Teatre Eòlia de Barcelona. Con Kentucky ha muerto nos ofrece la que posiblemente sea la gamberrada mejor tramada, sensata y escrupulosa hacia la realidad en la que las gallinas (y los pollos) del siglo XXI vivimos inmersas. Una fábula contemporánea tan salvaje como concienzuda y espectacularmente interpretada.




