
Recupera el Centro Dramático Nacional un clásico del teatro español. Luces de Bohemia ocupa un lugar privilegiado en el imaginario teatral colectivo. En las manos de uno de los mejores dramaturgos actuales, a saber, Alfredo Sanzol, estas Luces y el periplo nocturno de Max Estrella por la noche madrileña consigue un vuelo nuevo, ágil y sumamente interesante.

Consentimiento, en el Teatro Valle-Inclán, pone sobre el tapete asuntos muy duros. Tratados en un texto irregular, de una duración excesiva, sustentado en una efectiva propuesta escénica y en unas interpretaciones entregadas que consiguen mantener el interés a pesar de las casi tres horas de función.

Me enfrento a la hoja en blanco, al mismo blanco que exuda el escenario planteado en Ensayo. El admirado Pascal Rambert aterriza en el Kamikaze con su disección de las relaciones de amistad y amorosas. Ensayo es un duro golpe al espectador. Un ejercicio que agota y deja en suspenso al que quiera sumergirse de lleno en ese universo.

Se atreve Miguel del Arco a rizar el rizo. Nos sumerge en el universo de August Strindberg, el autor de la sublime “Señorita Julia”. Gracias al texto de Per Olov Enquist, conoceremos como una de las mentes más creativas del norte de Europa vivió el miedo a quedarse solo, el miedo al abandono.




