
Tras su estreno absoluto en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro el pasado julio, El caballero de Olmedo de Lope de Vega, en versión de Laia Ripoll, llega al Teatro Clásico de Madrid para deslumbrar a cuantos se aventuren a sentarse en el patio de butacas.

La memoria: a veces cálida, a veces áspera. En ocasiones se siente como un abrazo reconfortante, en otras, como un retortijón muy doloroso. Nuestros muertos, obra de la compañía teatral Micomicón, que regresó el 16 de enero a la Sala Cuarta Pared de Madrid, explora (con ternura y dureza) aquello que surge del diálogo entre los recuerdos, los ajenos y los propios.
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Mariano Llorente y Laia Ripoll han escrito Rif (de piojos y gas mostaza), montaje dirigido por la segunda con la que recordarnos desde el Teatro Valle-Inclán (Madrid) del Centro Dramático Nacional las motivaciones, embrollos y consecuencias de las guerras entre nuestros antepasados y los autóctonos del norte de Marruecos hace ahora un siglo.

La Fiesta Corral de Cervantes regresa a las calles del centro de Madrid para reivindicar el marco teatral donde progresó la dramaturgia española del siglo de Oro. Se representan cerca de una veintena de espectáculos entre los que se incluye El Amor Médico, un desconocido tributo a la mujer de Tirso de Molina.




