
Anoche, el Teatre Tívoli de Barcelona recibió a una de las grandes leyendas del teatro musical contemporáneo. Patti LuPone aterrizaba en la ciudad con Songs From a Hat, una propuesta tan sencilla sobre el papel como imprevisible en su desarrollo. Y precisamente ahí residió gran parte de su encanto: en la sensación constante de estar asistiendo a algo irrepetible.
La expectación era palpable incluso antes de que apareciera en escena. Cuando Patti LuPone cruzó el escenario, el público se puso en pie para recibirla con una ovación que evidenciaba hasta qué punto su visita era esperada. La actriz y cantante respondió con un cercano “Bona nit Barcelona”, que provocó una nueva ronda de aplausos, antes de leer un divertido texto en castellano para presentarse ante quienes quizá no conocían en profundidad su trayectoria. El tono desenfadado quedó establecido desde el primer minuto. También hubo tiempo para presentar a su inseparable director musical y pianista, Joseph Thalken, compañero fundamental durante toda la velada.
Acto seguido explicó la mecánica del espectáculo. Mientras que una producción convencional requiere meses de ensayos, preparación y planificación, aquella noche iba a funcionar de forma muy distinta. Un sombrero lleno de canciones de su carrera y de otros conciertos sería el encargado de marcar el rumbo. Ella iría extrayendo papeles al azar y cada título determinaría la siguiente interpretación. “¡Es excitante!”, exclamó con una sonrisa que resumía perfectamente el espíritu de la propuesta.
El primer gran momento llegó con I Dreamed a Dream de Les Misérables. LuPone recordó el vínculo especial que mantiene con aquella producción londinense y cómo prefirió conservar intacto ese recuerdo antes que regresar al personaje años después en Broadway. Su interpretación, lejos de buscar el dramatismo excesivo, encontró la emoción en la honestidad y la experiencia acumulada.
La noche continuó navegando por algunos de los musicales más importantes de su trayectoria. Sonaron Another Hundred People de Company y Easy to Be Hard de Hair, demostrando una vez más la capacidad de la artista para apropiarse de canciones que ni siquiera pertenecieron originalmente a personajes interpretados por ella. Cada pieza era introducida con anécdotas, comentarios y ocurrencias que convertían el concierto en una conversación constante con el público.
Uno de los primeros estallidos de entusiasmo llegó con The Worst Pies in London de Sweeney Todd. Era una de las canciones más esperadas de la noche y LuPone la interpretó con esa mezcla de teatralidad, precisión y sentido del humor que la han convertido en referencia absoluta del género. La reacción fue inmediata y dejó claro que buena parte del público llevaba años esperando escuchar ese número en directo.
A partir de ahí, el recital se convirtió en un viaje por diferentes estilos y épocas. Sonaron Bewitched de Rodgers & Hart, una versión que la propia artista confesó preferir por la calidad de su texto, así como una divertidísima A Boy Like That de West Side Story. Antes de interpretarla, comentó entre risas que siempre había querido ser Anita y María al mismo tiempo, algo imposible sobre un escenario… hasta aquella noche. Sin abandonar el universo de Bernstein, continuó con una emotiva Somewhere, recordando la vigencia de un musical que sigue dialogando con el presente décadas después de su creación.
Otro de los momentos más celebrados llegó cuando sacó del sombrero una nueva canción, levantó su copa y anunció con picardía: “I’d like to propose a toast”. El público entendió inmediatamente lo que estaba a punto de ocurrir. The Ladies Who Lunch de Company incendió la sala gracias a una interpretación tan afilada como divertida. Como colofón, la copa acabó derramándose sobre la primera fila, alcanzando esta vez al actor Xavi Duch, presente entre el público, en una escena tan accidental como hilarante.
El repertorio continuó con joyas como Anything Goes, la delicada As Long as He Needs Me de Oliver! y una preciosa Moon River, interpretada con una sensibilidad que contrastó con la energía de otros números. También hubo espacio para piezas menos habituales como el célebre dúo de War Paint, Anyone Can Whistle, la evocadora Meadowlark de The Baker’s Wife o Calling You, de la película Bagdad Café, presentada como un regalo especialmente preparado para el público barcelonés.
En la recta final llegaron algunos de los títulos más icónicos de la velada. Being Alive de Company, I Never Do Anything Twice de The 7% Solution y, por supuesto, Don’t Cry for Me Argentina de Evita sirvieron para recordar la amplitud de registros y la extraordinaria carrera de la artista. Lejos de ofrecer versiones museísticas de canciones históricas, LuPone las abordó desde la experiencia de quien lleva toda una vida dialogando con ellas.
El cierre del programa principal fue tan sencillo como emocionante. Sin micrófono y a capela, interpretó Some Other Time de On the Town de Leonard Bernstein. El silencio absoluto que se apoderó del teatro fue la mejor prueba de la conexión alcanzada durante toda la noche.
Pero el público no estaba dispuesto a despedirse tan fácilmente. La ovación obligó a Patti LuPone a regresar junto a Joseph Thalken para ofrecer una arrebatadora Rose’s Turn de Gypsy, probablemente la canción más asociada a su figura artística y una de las interpretaciones más ovacionadas de toda la velada. Parecía el final definitivo, pero ni siquiera con las luces de la sala encendidas los asistentes querían abandonar sus localidades.
Ante semejante muestra de cariño, la artista regresó una última vez para regalar una íntima interpretación a capela de A Hundred Years From Today. Ya sin artificios, sin acompañamiento y sin más herramientas que su voz y su presencia escénica, cerró una noche irrepetible. Tras un cariñoso “God bless, safe home and thank you so much”, se despidió definitivamente dejando la sensación de haber asistido no solo a un concierto, sino a una auténtica clase magistral de teatro musical, humor y comunicación con el público.
Crónica realizada por Norman Marsà




