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10.11.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Risa Caníbal – Crítica 2025

“Si la comedia se convierte en barbarie, hagamos de la barbarie una comedia”. Esta la gran idea que condensa la fuerza y la intención de Risa Caníbal, obra escrita y dirigida por el colectivo Las Huecas (Júlia Barbany, Núria Corominas y Andrea Pellejero), que ha podido verse en el Teatro Valle-Inclán (Centro Dramático Nacional) de Madrid.

Una reivindicación del humor como arma antifascista. Eso es lo que propone esta pieza teatral que recupera el título del ensayo homónimo de Andrés Barba. En él, el autor analiza la risa como un mecanismo de poder y de violencia; sostiene que la risa devora al otro simbólicamente, lo desarma, lo anula, lo controla. La obra parte precisamente de ahí: cuestionar quién detenta hoy esa capacidad devastadora de la risa y quién es su víctima.

En escena, las intérpretes encarnan versiones satíricas de Meloni, Le Pen, Weidel y Monasterio. Cuatro líderes de ultraderecha que, en esta ficción, quedan encerradas (sin saberlo) en un cuarto esperando algo que no llega, atrapadas en un no-lugar que funciona como sala de espera distópica.

En ese espacio estanco, la obra plantea el secuestro emocional de estas figuras públicas y el derrumbe de su performatividad política. Risa Caníbal señala cómo el humor puede convertirse en humillación, y cómo la ultraderecha internacional ha capitalizado el espectáculo, la ironía, el meme y la exageración para hacer avanzar su agenda.

Las Huecas devuelven la ofensiva desde la propia teatralidad: es un teatro muy físico, que apela a la incomodidad del público, que atraviesa lo escatológico sin pedir permiso y sin suavizar lo desagradable. Hay cuerpos que se degradan, hay líquidos que aparecen, hay materia que perturba. Todo se va volviendo extraño, progresivamente delirante, hasta que la propia risa que estas figuras llevan sosteniendo durante toda la pieza se vuelve contra ellas, deshaciéndolas.

A pesar del enorme potencial conceptual, no toda la propuesta respira con la misma intensidad. Hay momentos que se sienten más alargados de lo necesario y la pieza tarda en encontrar su ritmo interno. La construcción dramática despunta especialmente en su último tramo, donde el gore final y el discurso que cierra la obra cristalizan de forma contundente la tesis central que circula desde el inicio. Cuando por fin opera la inversión, cuando la comedia explota y deja de ser inocua, el golpe llega.

Las actrices —con un trabajo corporal finísimo y una intuición muy afilada del tiempo cómico roto— se entregan al ridículo y al exceso sin protección. Se arriesgan. Se permiten quedar feas, quedar tontas, quedar frágiles. Y ahí reside lo más valioso de esta pieza: devolver a la escena la idea de que el humor también es un campo de batalla política.

Crítica realizada por Judith Pulido

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