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02.02.2016 Teatro  
RENT cumple sueños pero deja objetivos a medias

Si hubo un musical que revolucionó el fin del s. XX y retrató los problemas y neuras de la juventud del momento, ese fue RENT, de Jonathan Larson. En 1999 se estrenó en Barcelona una versión en castellano, y ha sido por impulso de uno de los actores de aquel montaje, Daniel Anglès (ahora director), que RENT ha vuelto, en su primera traducción oficial al catalán.

De entrada, todo suena como una magnífica noticia, y el panorama de la noche del estreno dejaba clara la expectación: en platea se encontraban desde actores de la producción del 99 al compositor Albert Guinovart, el ex-conseller de la Generalitat Felip Puig y hasta el presidente del Barça, Josep Maria Bartomeu: esas son la dimensiones del acontecimiento. Máxime si le añadimos un elenco joven, capaz de asumir los retos de hace casi 20 años, y hacerlos propios y creíbles. Y sí, este nuevo montaje de RENT es joven, se siente vivo y tan fresco como si hubiera sido compuesto ahora. Pero no podemos obviar los problemas que tiene en este momento inicial la producción. De todo eso, de aciertos y de elecciones menos acertadas, vamos a hablar desde ahora. Valoremos este RENT por lo que es.

Empecemos por la traducción, ya que uno de los grandes valores con los que se lanza es su primicia en catalán. La firman Daniel Anglès y Marc Gómez y es altamente satisfactoria. Mantiene casi todos los ritmos y acentos fonéticos del original inglés, y en algunos momentos, incluso podría decirse que se asemeja más a éste que la traducción en castellano. Durante la primera hora del espectáculo llegó particularmente bien a una platea que estaba con los cinco sentidos alerta, absorbiendo cada detalle de esa nueva sonoridad de unas canciones que ya conocía, y quizás por eso calando incluso más.

Pasemos a la escenografía: Raquel Ibort, Marc Salicrú y Marc Udina firman este apartado, junto al de vestuario. El decorado construido a base de andamios y una estructura de tubos de acero es un clásico de esta obra, pero en este caso va un poco más allá, dándole un toque incluso más urbano, más de derribo, menos bohemio y más precario, como corresponde al argumento. Un poco menos éxito tienen el resto de ambientes, especialmente la calle en la que transcurre el número “Nadales” (caótico), aunque aquí habría que repartir las críticas también con los responsables de la iluminación, Xavi Costas y el propio Daniel Anglès, que no acaban de dar calidez independiente a interiores y exteriores; por otra parte, hay tramos de la obra, como la performance de Maureen o el apoteósico número final de Angel, en los que la luz sí está perfectamente trabajada y realza la función.

Volvemos a Ibort, Salicrú y Udina para hablar del vestuario: muy bien elegido para todos los protagonistas y casi todos los secundarios, quizás algo más desdibujado con Benny. Muy atrevidas, por romper con el pasado, las opciones que han tomado con Mimí, y que le dan un carácter muy propio y único a esta versión del personaje. Tal vez consiguen que, por primera vez, nos creamos que la chica tiene 19 años. Los estilismos de Angel directamente go crazy, aprovechan la buena altura natural de Albert Bolea para crear la drag divina que merece ser.

Y toca hablar del elenco: aunque al principio resulta un tanto anodino, el juvenil Mark Cohen de Nil Bofill acaba funcionando muy bien, particularmente en sus escenas con Joanne y Maureen, y resulta un creíble “mejor amigo” de Roger… aunque en su choque del segundo acto se desdibujan un poco. A su vez, Roger Davis, el músico abofeteado por el VIH, está en manos de Víctor Arbelo. Por lo general es uno de los personajes más sólidos de la obra, con elecciones un tanto particulares en algunos puntos (como su relación con la guitarra en “Busco Glòria”) pero totalmente válidas para el personaje; sin embargo, en los momentos más dramáticos, el actor tiende a la exageración, llegando a paroxismos, ante la tragedia, que alcanzan la parodia. Seguramente los dos irán encontrando el punto justo y la comodidad en sus personajes a medida que avancen las funciones.

Queralt Albinyana y Anna Herebia encarnan a la cerebral Joanna y la veleidosa Maureen. Las dos están muy bien, pero especialmente Herebia saca provecho a cada una de las escenas y canciones en las que puede lucir su personaje. Podría achacárseles que tienden demasiado al grito pelado en sus discusiones, pero, de nuevo, es un tema que con unas cuantas funciones puede acabar de ajustarse.

La pega de Xavi Navarro como Tom Collins no se encuentra en su actuación, que defiende bien: el personaje pide en casi todas sus canciones una tesitura de bajos con la que Navarro no acaba de parecer encajar.

Lo mejor de toda la obra lo pone en escena, una y otra vez, Albert Bolea. En su primera canción, la energética “Jo avui per tu”, parece estar a punto de quedarse sin aliento a cada estrofa (y la potente coreografía de Óscar Reyes no es para menos), nada que el entrenamiento físico no vaya poniendo en su lugar. Especialmente porque a partir de ahí, Bolea borda interpretación, canto y baile, culminando en un “Contacte” sencillamente antológico.

El único problema interpretativo de toda la obra lo encarna Mireia Òrrit, la Mimi de este RENT. Tiene un físico ideal para interpretar al personaje, especialmente en la dirección que la plantea este montaje concreto, y se mueve con soltura por las coreografías que le propone Reyes. Pero: sus canciones son las que más a menudo no se entienden (particulamente, “Avui sortim”, quizás el tema más identificativo del personaje), alcanza las notas de su repertorio con corrección, pero sin llegar a interpretar las emociones por las que pasa el personaje durante esas canciones. ¿Es un miscast, o el personaje le ha llegado demasiado pronto?

En cualquier caso, cuando el público se llega a plantear si su cover, Jana Gómez, que está multiplicándose en diferentes papeles del ensemble, no sería una opción mucho más apropiada para el papel de Mimí, es que ocurre algo. También es verdad que se trata de un ensemble y de unos covers excepcionalmente buenos: particularmente la ya mencionada Gómez, Marc Gómez e Iban Valero, que encarna entre otros a un fugaz pero escalofriante camello.

Sumándolo todo, y a unos músicos en directo que suenan de maravilla durante toda la función (Miquel Tejada, Oriol Padrós, Dani HDZ, Pol Barbé y Betel M. Daura) resulta una versión de RENT que tiene potencial pero no parece aún del todo lista para ocupar un lugar de excepción en la memoria del nuevo público. Hay flecos que recortar, caos al que poner orden, errores que corregir. Es parte de la esencia de RENT: al fin y al cabo, al propio Jonathan Larson tuvieron que ayudarle a reducir los cientos de canciones que llegó a componer para la obra hasta las cerca de 40 que la forman hoy.

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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