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10.03.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Puig Antich. Cas Obert – Crítica 2026

Puig Antich. Cas Obert convierte la memoria en experiencia escénica. El montaje vive su tercera temporada en la antigua cárcel de La Model de Barcelona, con solo tres funciones los días 3, 9 y 10 de marzo. Una breve reposición que se despide hoy con entradas agotadas, confirmando que la historia que cuenta sigue interpelando al público.

La pieza Puig Antich. Cas Obert parte de la investigación del periodista Jordi Panyella sobre el proceso judicial que condenó a muerte al joven anarquista Salvador Puig Antich, ejecutado en 1974 por el régimen franquista. El espectáculo reconstruye las últimas semanas de su vida —desde su detención hasta la madrugada de su ejecución— mientras pone el foco en las numerosas irregularidades del consejo de guerra que lo llevó al garrote vil. Cartas, fragmentos del sumario judicial y testimonios se entrelazan para revisitar un caso que sigue siendo símbolo de una justicia que nunca terminó de cerrarse.

La dirección de Jordi Pérez Solé entiende que este material pide contención más que espectáculo. Su propuesta escénica evita el dramatismo excesivo y se apoya en la fuerza del propio espacio: los muros de la prisión funcionan como un recordatorio constante de la historia que se está contando. Pérez Solé conduce la acción con una mirada sobria y muy consciente del lugar donde se representa la obra, dejando que el silencio, las pausas y la proximidad con el público construyan buena parte de la tensión dramática. El asesoramiento de Helena Moliné refuerza ese enfoque cercano al teatro documental que atraviesa todo el montaje.

La dramaturgia de Mercè Sàrrias se articula como una reconstrucción fragmentada de los hechos, combinando materiales documentales con escenas que buscan acercarse a la dimensión humana de Puig Antich. Basado en el trabajo de investigación de Panyella, el texto evita convertir al protagonista en un icono inalcanzable y prefiere mostrar a un joven militante atrapado en una maquinaria judicial y política que ya había decidido su destino. La escritura alterna momentos de crónica histórica con pasajes de intimidad que ayudan a comprender la persona detrás del nombre.

En escena, Marc Pujol afronta el reto de dar vida a Puig Antich desde la cercanía y la contención. Su interpretación se aleja del heroísmo fácil y encuentra su fuerza en los pequeños gestos, en las miradas y en la vulnerabilidad de un personaje consciente del destino que se le viene encima. A su lado, Carme Sansa aporta una presencia escénica sólida y cargada de memoria, mientras que Bàrbara Roig articula distintos registros narrativos que ayudan a sostener la estructura fragmentada del espectáculo. Entre los tres generan un equilibrio interpretativo que mantiene viva la tensión del relato sin necesidad de grandes artificios.

En el apartado técnico, el montaje apuesta por una estética austera que encaja con el carácter del proyecto. La escenografía de Anna Tantull se apoya en la arquitectura real del recinto para construir el espacio dramático. La iluminación de Sylvia Kuchinow trabaja con contrastes que acentúan la sensación de encierro y memoria, mientras que el diseño sonoro de Lucas Ariel Vallejos introduce capas atmosféricas que acompañan el recorrido emocional del relato. El vestuario y la caracterización de Núria Llunell mantienen una línea realista que refuerza el tono documental, y los audiovisuales de Pablo Cavero aportan contexto histórico sin imponerse sobre la acción escénica.

Puig Antich. Cas Obert es uno de esos montajes en los que el contexto importa tanto como el propio espectáculo. Verlo en La Model añade una dimensión difícil de ignorar: cada pasillo y cada pared recuerdan que la historia que se cuenta no pertenece solo al pasado. El resultado es un montaje sobrio, directo y profundamente reflexivo que invita al espectador a mirar de frente una página incómoda de nuestra memoria reciente.

Crítica realizada por Norman Marsà

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