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14.11.2022 Teatro  
No son solo palabras

El Teatro Quique San Francisco de Madrid trae la adapatación escénica de los textos y reflexiones de Juan José Millás. Miércoles que parecen jueves, dirigida por Mario Gas y protagonizada por Clara Sanchís, permanecerá hasta el 27 de noviembre.

Antes de sentarnos en la butaca ya somos conscientes de que el texto que se va a interpretar pertenece a Juan José Millás; sin embargo, quien aparece en escena es una mujer con un arma. En teoría, Millás iba a impartir una conferencia con padres y madres de alumnos de un centro de educación secundaria, pero parece ser que todo ha cambiado.

La frontera entre lo real y lo irreal es la idea principal de esta obra, que divaga entre las posibilidades que una misma persona puede experimentar. Clara Sanchís destaca la importancia de lo irreal, del delirio y de aquello que trasciende por encima de lo baladí en un discurso que no es estrictamente un monólogo porque intenta interpelar a los asistentes.

Miércoles que parecen jueves parte de un punto interesante, las reflexiones sobre la necesidad de ficcionar determinados elementos de nuestra vida, si la propia existencia nos demanda fantasía y la relación entre la fantasía y la mentira. A pesar de la profundidad que prometen estos dilemas, la obra se pierde en medio de los chistes que intentan retener al espectador y resulta inconclusa. Un conjunto de pensamientos, que a veces resultan inconexos, y que abren un debate que no llega a ningún lugar. Clara Sanchís defiende con un gran poder sobre el lenguaje el texto adaptado, en una propuesta escénica austera que tampoco confiere sentido a la obra y no aporta ningún valor al desarrollo del monólogo.

Mario Gas ha optado por el tono cómico para descafeinar las dosis de intensidad insustancial de la obra, aunque Sanchís lucha por sacarlo adelante y, en algunas ocasiones, convence a los asistentes, no termina de calar, resulta forzado y los chistes basados en insultos infantiles no casan con la línea intelectual que pretenden seguir las reflexiones de la obra.

Para continuar con el juego entre realidad y ficción, Juan José Millás interviene a través de un proyector, un tanto precario también. La aparición del escritor nos devuelve a la realidad y entabla una especie de conversación con el personaje camaleónico de Sanchís. Este momento devuelve al sentido, o supuesto sentido, del texto pero sigue sin esclarecer los dilemas que se plantean. Además, en este punto el humor pueril se excede y llega a situarse en el límite del ridículo.

Una buena idea y una buena actriz, pero un resultado mejorable. Los temas planteados no instan al espectador a la reflexión, y los momentos de comedia tampoco se insertan de una manera natural o acorde a la profundidad del discurso. ¿Qué sensaciones provoca? ¿Qué pretensiones tiene? Difícil responder, aunque quizás sea esa la intención: acabar con la sensación de haber hablado de todo y de nada.

Crítica realizada por Esperanza Hernández

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