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16.07.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
No miris. Grec Festival – Crítica 2026

El CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) se suma a la programación del Grec Festival de Barcelona con No miris. La nueva propuesta del colectivo Cultura i Conflicte, dirigida por Joan Arqué Solà, miembro del colectivo, explora la posmemoria, las zonas grises de la maldad y los efectos de los silencios heredados.

Basada en la historia real de Verónica Estay Stange, actualmente catedrática de la Universidad París Cité, esta dramaturgia incorpora parte del material de investigación recopilado por el equipo de Cultura i Conflicte para la creación del proyecto, un trabajo documental en el que ha participado la periodista Teresa Turiera-Puigbó Bergadà. Nacida en México e hija de exiliados chilenos torturados durante la dictadura de Augusto Pinochet, Estay ha orientado buena parte de su trayectoria académica al estudio de la posmemoria, concepto formulado por Marianne Hirsch que aborda la herencia de traumas personales y colectivos de generaciones anteriores y la manera en que los silencios del pasado siguen condicionando el presente. A ello se suma la semiótica, entendida como una herramienta capaz de dotar de significado a los vacíos dejados por décadas de silencios familiares. Así, No miris juega constantemente entre pasado y presente para acompañar a Estay en la reconstrucción de su paisaje familiar, sacando a la luz secretos guardados durante décadas —entre ellos, el vínculo familiar con uno de los colaboradores más temidos de la represión pinochetista— y planteando cuestiones tan incómodas como fascinantes: ¿se hereda la maldad?, ¿qué sentiríamos al descubrir que uno de los nuestros fue un monstruo?, ¿cómo se gestionan heridas provocadas por acontecimientos que nunca llegamos a vivir?

Interpretando a Verónica Estay, Marta Marco sostiene buena parte del peso de la función. Su personaje debe transitar por conceptos y terminología poco habituales para el gran público, pero la actriz los incorpora con absoluta naturalidad, sin que el discurso resulte impostado. Presente en escena durante casi todo el montaje, atraviesa diversos estados emocionales adaptando su interpretación con precisión a cada una de las etapas de este proceso de búsqueda y descubrimiento. Por su parte, Pep Cruz se desdobla en varios roles, entre ellos dos figuras fundamentales para comprender la historia familiar de Estay: su padre y su tío. Lo hace con la solvencia habitual de un intérprete que convierte la excelencia en una constante. Gemma Martínez también asume diversos personajes y encuentra sobre todo en Camila algunos de los momentos más emotivos de la propuesta, conectando así con la sensibilidad del público. Completa el reparto Erol Ileri, parte integrante del equipo de Cultura i Conflicte, que, interpretándose a sí mismo, además de asumir otras intervenciones de menor peso dramático, refuerza la dimensión documental de la pieza y contribuye a redondear un elenco plenamente comprometido con una propuesta de este calado. Queda evidente que Joan Arqué Solà firma una dirección capaz de trasladar la densidad conceptual de la obra a un lenguaje escénico accesible y emocionalmente cercano, apoyándose para ello en el trabajo físico y emocional de sus intérpretes.

Además de la transmisión de conceptos y emociones por parte de los actores, el espacio escénico diseñado por Víctor Peralta y la iluminación de Toni Ubach aportan la funcionalidad necesaria para acompañar una propuesta de estas características. Con unos pocos desplazamientos de las alfombras que aparecen y desaparecen sobre el escenario y la incorporación de piezas concretas de mobiliario, la obra consigue trasladarnos con facilidad a una sala de conferencias, la redacción de un periódico, el interior de un vehículo o una prisión. Los audiovisuales creados por el propio Erol Ileri, que incluyen entrevistas con algunos de los protagonistas de esta historia, refuerzan el carácter documental de la propuesta y se integran de forma orgánica en el conjunto.

«No todo lo que verás pasó de verdad, pero nada es mentira» reza el programa de mano de No miris. Aunque suene a tópico, este es un ejemplo del teatro necesario al que conviene regresar una y otra vez. Una propuesta que va descubriéndose capa tras capa y que invita a reflexionar sobre cuestiones que rara vez admiten respuestas sencillas. A través de una búsqueda personal, cada respuesta abre nuevas preguntas sobre el pasado. Cultura i Conflicte lleva años transitando estos territorios en sus trabajos y, por ello, resulta especialmente pertinente que una propuesta de estas características haya encontrado su espacio dentro de una cita tan relevante como el Grec Festival de Barcelona.

Crítica realizada por Diana Limones

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