
La Cia. Mea Culpa convierte el escenario de la sala Leopoldo Fregoli de La Seca en un espacio en el que la evocación y el recuerdo reviven las palabras e ideas de los cuentos de Jesús Moncada. EL DARRER DIA DEL CAFÈ DE LA GRANOTA resulta una buena muestra de la utilidad del género teatral para documentar la realidad a través de la ficción.
La función nos traslada a Mequinenza, en 1971. Pocos momentos antes de que el pantano inunde lo que queda del pueblo antiguo, tal y como se conocía hasta la llegada de la ENHER, Adelaida y Fernando entrarán por última vez en el café del cual son propietarios y recordarán momentos y personas que ya no se encuentran entre ellos.
La dramaturgia corre a cargo de Mª Àngels Largo y Armand Villén, que también son los dos únicos intérpretes de la pieza. Ambos han conseguido homogeneizar en un solo texto la esencia de “El Cafè de la Granota”, “La plaga de la Ribera”, “Futbol de la ribera”, “L’assassinat del Roger Ackroyd” y “Paraules d’un oliver”. A modo de subtrama, los distintos cuentos se integrarán en la historia principal, con la escenificación de varios recuerdos. Este recurso, hace de la reiteración un patrón a seguir y permite a los actores ponerse en la piel de los varios personajes que evocan. Como texto unitario, el libreto se beneficia de esta técnica, ya que cada inserción hace avanzar la trama principal al mismo tiempo que dota de profundidad a todo el conjunto.
A nivel escenográfico, la decisión de Segura de trabajar con cajas que delimitan el espacio resulta un acierto escalable a varios niveles. Llenar el escenario de cajas de cartón, permite que el movimiento de las mismas convierta los objetos encerrados en las gradas de un campo de fútbol o en las mesas del bar. A su vez, la rotulación de las pertenencias sobre la cara exterior de las mismas no deja de invitar a la reflexión sobre el poco espacio que ocupan las cosas importantes, véanse los recuerdos.
La interpretación de Largo y Villén es de una entrega absoluta. Se nota que dominan el texto que se traen entre manos, algo que utilizan para ofrecer una adecuación lingüística (asesorados por Héctor Moret) conforme al contexto geográfico en el que sucede la acción con un éxito y una naturalidad fuera de toda duda. Así mismo, su interacción con los textos grabados, excelentemente sonorizados, que oiremos durante la representación no hace más que sumar al conjunto.
Finalmente, EL DARRER DIA DEL CAFÈ DE LA GRANOTA funciona como homenaje al imaginario del autor pero también consigue una reflexión ideológica importante. En un momento en que la identidad de un conjunto de personas se plantea en términos de nación o país, revisitar los conceptos de territorio, pertenencia o modus vivendi es algo insólito. Constatar cómo pocos quilómetros de distancia pudieron marcar una diferencia tan grande en la manera de entender el propio hábitat de un grupo de personas, pone sobre la mesa que el sentimiento de pertenencia a una tierra es algo mucho más complejo que lo que solemos valorar.
Teatro de pequeño formato y de grandes ideas (y mayor y excelente factura). A la vez, capaz de captar sutilmente el valor que el autor del material original otorgaba al lenguaje y la palabra como principal factor para entender el mundo y aún más de plasmar sobre el escenario todo el paralelismo entre simbólico y mitológico de Mequinenza con la Atlántida (tierra inundada pero no olvidada, cuna de la civilización). Sin duda, una propuesta que no debe dejarse escapar.
Crítica realizada por Fernando Solla




