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02.10.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Mamma Mia! El Musical – Crítica 2026

El Teatre Tívoli de Barcelona acoge estos días Mamma Mia!, el musical basado en las canciones de ABBA que regresa a la cartelera barcelonesa con una nueva producción. Una nueva versión que llega a la ciudad con un reparto renovado y una puesta en escena de gran formato.

La historia nos lleva de nuevo a una pequeña isla griega donde Sophie está a punto de casarse y decide invitar a tres hombres que podrían ser su padre. La llegada de Sam, Bill y Harry vuelve a poner en contacto con Donna a tres personas que forman parte de su pasado y hace aflorar viejas historias que creíamos olvidadas. A partir de ahí, Mamma Mia! construye una comedia sobre las relaciones familiares, la amistad y esas decisiones que tomamos en la vida y que, con el paso de los años, adquieren un significado diferente. Todo ello acompañado por las canciones de ABBA, que se integran en la acción a través de una nueva adaptación al castellano y una puesta en escena que combina música, coreografías y una cuidada propuesta visual.

Aunque la historia sea conocida, esta nueva versión consigue encontrar su propia personalidad. La adaptación de David Serrano mantiene la esencia de la obra y permite que las canciones entren de manera natural en la narración, mientras que la dirección de Juan Carlos Fisher apuesta por un montaje dinámico y de gran formato. Precisamente esa voluntad de mantener la energía alta hace que, en algunos momentos, el ritmo resulte demasiado picado. Hay escenas que agradecerían unos segundos más para respirar, permitir que una emoción se instale o que una situación termine de asentarse antes de pasar a la siguiente. Es un detalle que el rodaje de las funciones irá ajustando y que puede hacer que el espectáculo gane todavía más naturalidad.

En ese engranaje, el reparto encuentra uno de los principales puntos fuertes de la propuesta. Anna Lagares construye una Donna real y cercana. La vemos quizá algo joven para el personaje, aunque la historia permite perfectamente imaginar que Donna fue madre a una edad temprana, por lo que el perfil termina encajando. Su trabajo actoral y vocal resulta sólido y permite acercarnos a una mujer que ha construido su vida lejos de aquello que dejó atrás.

A su lado, Lucía Pemán ofrece una Sophie jovial, pero también llena de dudas. La actriz recorre las diferentes capas del personaje de una manera clara, haciendo que su búsqueda personal vaya más allá de la simple necesidad de encontrar a su padre. Sophie quiere saber quién es, de dónde viene y qué quiere para su futuro, y Pemán consigue que ese recorrido tenga sentido durante toda la función.

Las dos amigas de Donna aportan buena parte del componente cómico del espectáculo. Mireia Portas construye una Tanya tan desatada como cabía esperar, mientras que Noemí Gallego lleva a Rosie hasta un nivel de locura que puede sorprender durante los primeros compases, pero que termina funcionando perfectamente dentro de la relación entre las tres. La química entre Donna, Tanya y Rosie resulta fundamental y juntas convierten muchas de sus apariciones en algunos de los momentos más divertidos de la función.

También los tres posibles padres encuentran su lugar. Marc Parejo, Víctor González y Joan Olivé realizan un gran trabajo con Sam, Harry y Bill respectivamente, construyendo tres personajes diferentes que funcionan tanto individualmente como cuando se reúnen. Marc Ribalta, por su parte, presenta un Sky muy bien encajado en el personaje y acompaña a Sophie con la energía y naturalidad que necesita su papel. El conjunto consigue que la historia coral mantenga siempre sus diferentes relaciones bien definidas.

Las voces mantienen un buen nivel durante la función. Se escuchan claras, con una dicción apropiada y una interpretación que permite que las canciones de ABBA sigan conservando intacta su capacidad para emocionar. El cambio en la adaptación de las letras respecto a versiones anteriores puede desconcertar especialmente a los seguidores más fieles del musical, aquellos que ya conocen las canciones y están acostumbrados a cantarlas de memoria. En esta primera función toca, en muchos momentos, tararear mientras se reconoce la melodía, pero será cuestión de tiempo que el público haga suyas estas nuevas letras y vuelva a sumarse al gran coro colectivo que Mamma Mia! provoca desde hace años.

Y es que las canciones de ABBA siguen siendo uno de los grandes motores del espectáculo. Cuando llegan los temas más reconocibles, el público responde de inmediato y la función adquiere otra energía. Esa conexión alcanza su punto álgido en el tramo final, cuando el Tívoli termina convertido en una auténtica fiesta. El público disfruta, aplaude y se deja llevar hasta un final apoteósico en el que resulta difícil quedarse sentado.

A esa energía contribuye también el conjunto del elenco y el cuerpo de baile, que realizan un gran trabajo durante toda la función. El montaje exige mantener una intensidad elevada y tanto los intérpretes como los bailarines responden con solvencia. Los números musicales tienen una buena sensación de conjunto y consiguen mantener el escenario vivo, incluso en aquellos momentos en los que la historia deja paso a la música.

Buena parte de esa vitalidad procede de las nuevas coreografías de Iker Karrera. Son divertidas, tienen personalidad y aportan novedades a una historia que el público conoce perfectamente. Además, aprovechan por completo el espacio escénico y consiguen elevar los números musicales cuando la historia necesita un impulso. El movimiento no se limita a acompañar las canciones, sino que contribuye a darles una dimensión propia dentro del espectáculo.

La escenografía de Ricardo Sánchez-Cuerda es sencillamente espectacular. La recreación de la isla griega consigue transformar el escenario del Tívoli y trasladarnos al universo mediterráneo de la historia. Los diferentes espacios aparecen con naturalidad y el conjunto mantiene una dimensión visual acorde con una producción de estas características. Y atención a las barcas colgadas del techo del Tívoli: una pequeña delicia que puede pasar desapercibida en medio del despliegue, pero que aporta un plus escenográfico y demuestra el cuidado puesto en cada detalle de la propuesta.

A ello se suma un vestuario de Gabriela Salaverri adecuado al universo del musical y con algunas sorpresas que funcionan especialmente bien. La propuesta adapta la imagen de la obra a esta nueva versión sin perder los elementos que el público espera encontrar.

La iluminación de Felipe Ramos también tiene un papel importante. Desde los momentos más cotidianos, en los que podemos percibir incluso el tránsito del sol durante el día, hasta las escenas más espectaculares, la luz acompaña la acción y aporta una dimensión añadida a los números musicales.

El sonido, diseñado por Gastón Briski, completa un apartado técnico especialmente cuidado. Y la música en directo suena espectacular. La formación, con teclados, guitarra, batería y bajo, aporta a las canciones de ABBA toda la fuerza que necesitan, mientras que el trabajo de Joan Miquel Pérez al frente de la dirección musical termina de redondear el apartado musical.

Todo este despliegue funciona porque debajo hay una historia que sigue teniendo capacidad para conectar con el público. Mamma Mia! habla de relaciones familiares, de amistades que sobreviven al paso del tiempo y de personas que, llegado un determinado momento, necesitan enfrentarse a aquello que dejaron atrás. Pero lo hace sin convertir estas cuestiones en un drama. Las envuelve en humor, canciones y una energía contagiosa que permite que el espectador entre en la historia con facilidad.

Porque el resultado consigue algo que no siempre es sencillo cuando se recupera un musical tan conocido: volver a despertar las ganas de verlo. La historia sigue funcionando y el nuevo reparto encuentra su propia manera de habitar unos personajes que el público conoce perfectamente.

Los grandes musicales tienen esa capacidad de convertirse en una experiencia compartida. En Mamma Mia!, esa experiencia pasa inevitablemente por ABBA, pero también por unos personajes que siguen conectando con el público y por un montaje que sabe convertir sus canciones en momentos de celebración.

Mamma Mia! regresa así al Teatre Tívoli con una producción de gran formato, un elenco que responde y una puesta en escena pensada para disfrutarla. Y cuando llegan los últimos compases, queda claro que todavía hay muchas noches por delante para que Barcelona vuelva a cantar y bailar al ritmo de ABBA.

Crítica realizada por Norman Marsà

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