
La compañía sinSombrero aterriza en el I Festival Sala Joven del Teatro Galileo de Madrid con Todos queríamos a Alber, de Ignacio del Moral. En esta obra, dirigida por Noelia Nogueira, Adrián (Pablo Sevilla), Frani (Rita Liarte) y Lea (Ángela Calderón) se reúnen en el funeral de su amigo Alber (Javier Ruesga) y recuerdan y comprenden muchas cosas.
Se trata de una de esas obras que está escrita por y para la juventud, en torno a temas actuales, sin paños calientes, lo que incluye las drogas, el bullying, la virginidad, el sexo, la orientación sexual o la relación entre padres e hijos. Los cuatro intérpretes sostienen la obra en una escenografía compuesta solamente por dos bancos y oscilan con claridad entre pasado y presente con ayuda de los cambios de luces.
La puesta en escena es sobria a la vez que valiente y sólida. Sin transiciones ni explicaciones innecesarias, los intérpretes nos adentran en la vida de los cuatro amigos. Los diálogos en torno a la sexualidad resultan verídicos y llenos de vitalidad (veánse el momento próstata o el momento fallera); las elecciones sobre el escenario y la gestualidad de los actores provocan las risas desde el comienzo del primer flashback, decisivo en el desarrollo de la obra. Ello implica un mayor contraste con las escenas finales, o la otra cara de Alber, con el chantaje, la manipulación, el narcisismo o el abuso.
No podemos afirmar que la obra se refiere a una determinada clase o nivel socioeconómico, se menciona que está ambientada en un barrio o pueblo pijo; asimismo, el tema del dinero es recurrente. ¿Sería el suicidio de Alber parte de sus manipulaciones? ¿Fue un error o premeditado? Fuera como fuese, se vislumbran sus ansias por resultar importante y llamar la atención desde su posición privilegiada.
Todos queríamos a Alber es una obra fresca, de intriga y desenmascaramientos, de secretos y dolor compartido. Reitero el trabajo de los cuatro actores: Ruesga da vida a un Alber complejo e inquietante; Sevilla crea un Adrián con un punto friki y bobalicón verdaderamente tierno y cómico; Liarte es una Frani fuerte y decidida, a la vez que frágil; por último, Calderón lleva con diligencia el peso de la acción y el conflicto como Lea, la prima de Alber. Quizá Alber infravalorara a sus amigos. Y es que la vida sigue. El teatro, visto lo visto, también… y con mucha fuerza.
Crítica realizada por Susana Inés Pérez




