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02.06.2024 Teatro  
Llegat – Crítica 2024

El Teatre Akadèmia de Barcelona presenta, hasta el 2 de junio, la obra Llegat. Àngels Gonyalons, Pau Oliver y Marc Pociello protagonizan esta emotiva comedia (que se moverá al Espai Texas a principios de Temporada 2024-25) del tándem Daniel J. Meyer y Montse Rodríguez Clusella que nos presenta una «road movie» que defiende un reencuentro maternofilial diferente, demostrando que nunca es tarde para emprender un nuevo viaje.

Oriol (Pau Oliver) es un niñato pijo de veinte años que sólo quiere disfrutar de la vida, ligar y abandonarse al placer, lejos de todo compromiso y contacto familiar. Javi (Marc Pociello) tiene treinta y seis y, una noche cualquiera, de fiesta, buscando evadirse de las responsabilidades que como adulto debe afrontar, conoce a Oriol y se enrollan. Tras pasar tres días en un hotel abandonándose al placer sin pensar en nada más, Oriol decide mover «el campamento» a su casa y llevarse a Javi con él; su madre, que nunca está en casa, estará trabajando y van a poder estar solos.

Al llegar a la casa, Oriol y Javi se encuentran a Clara (Àngels Gonyalons), la madre de Oriol, quien está haciendo las maletas. Ella ha decidido –o la vida ha decidido por ella– que es el momento de parar máquinas y replanteárselo todo. Clara avisa a su hijo que esta vida se ha acabado. Ha vendido la casa y tienen que irse de nuevo. Oriol, quien no se lleva bien con su madre casi ausente, hará todo lo posible por quedarse; pero la casa ya ha sido vendida y solo tiene una salida: se irán esta misma noche a un viaje desconocido, en furgoneta, ambos, solos, juntos.

Pese a las reticencias del hijo a irse con su madre, y la mala relación que tienen, ella juega sus cartas y finalmente emprenden la aventura. Es en este nuevo marco espacial (y especial), en constante movimiento, que se reencontrarán y aprenderán a quererse de otro modo y a disfrutar de momentos compartidos, donde reharán las bases de su relación pasada. Durante la ausencia de Oriol, Javi y él construirán una relación prematura, a distancia, sin fundamentos sólidos y abierta a cualquier posibilidad futura. Y será a través de estas aventuras, de tiempo finito, como todo en esta vida, que enfrentándose cara a cara a cada relación, podrán reconfigurarlas y podrán reconfigurarse como personas.

Daniel J. Meyer, autor de la obra, vuelve a regalarnos un texto con el que disfrutar y pensar. Un texto que crea un punto nostálgico en escena que se traduce en momentos memorables que hacen que nuestros ojos estén vidriosos y nuestro corazón encogido. Una dramaturgia orgánica y agradecida que, poco a poco, nos va ganando y no deja que nos despeguemos de ella mientras nos habla directamente desde el corazón.

Esta sensación que encuentro en cada uno de los textos de Meyer, es una percepción cálida y hogareña que, siempre, consigue que entre de lleno en la historia. Historias que me atrapan y que hacen que me identifique con ellas de una forma tan sencilla como esperanzadora. Para ello, Meyer utiliza personajes cercanos y reales que nos evocan una época ya pasada pero bien presente. Todo ello para conseguir hacer un click en la memoria del espectador que, seguramente, le descubrirá un texto reparador para el alma.

La dirección impartida por Montse Rodríguez Clusella ayuda aun más a que la historia se cuente de forma fácil y realista. Ella consigue que los actores y actrices encuentren esos puntos de inflexión necesarios que hacen que no podamos despegar nuestros ojos de ellos. Siempre saltando de uno a otro, buscando una reacción esperada y verdadera. Porque lo que ella consigue es que siempre veamos verdad en la actuación. Una verdad cercana y familiar.

En la parte actoral, decir que salgo gratamente sorprendido con las tres actuaciones. Cada una de ellas consigue su espacio y destaca en sus momentos más icónicos.

Empezando por la excelencia mostrada por el joven Pau Oliver, el cual descubrí anteriormente en L’Alegría que passa (Dagoll Dagom). En Llegat, Pau Oliver nos ofrece un porcentaje mucho más elevado de compromiso con su personaje basado en un texto con el que consigue jugar y disfrutar. El actor da rienda suela a sus emociones, en ocasiones bien complicadas, para ofrecernos un personaje complejo y mentalmente tocado. Ha aprendido a vivir por su cuenta con la Visa de mamá, sin esperar nada de los demás. Parece seguro de sí mismo pero ese espejismo caerá ante sus ojos cuando veamos que está más roto de lo que muestra. Una interpretación excelsa y comprometida que aplaudir a rabiar.

Àngels Gonyalons interpreta a Clara, la madre de Oriol. Un personaje que solo empezar, y tras dos o tres escenas, nos damos cuenta que le viene al dedillo. Un personaje que vive la vida como ella desea y, al parecer, de cara a la galería, rebosante de seguridad. Pero esta seguridad hace algún tiempo que se tambalea debido a una noticia inesperada. Su visión de la vida se ve alterada y es en ese momento cuando se da cuenta de que todo lo vivido, trabajado, y creado, no significa nada. Entretanto, recuerda que tiene un hijo (ya adulto) al que le ha hecho caso omiso durante años.

Gonyalons se luce como nunca con este personaje tan maternal como esquizofrénico que comprendemos desde un inicio. No porque el público disponga de información privilegiada, sino porque la gran mayoría del respetable tenemos ya una edad y todo lo que explica, todo lo que vemos… resuena en nuestra cabeza. El ser esclavo del trabajo, el no estar presente, el pensar que lo más importante es mantener a la familia aunque ésta se convierta en casi una extraña… Un punto de inflexión al que llega de la forma menos recomendada pero con tiempo de, posiblemente, reparar la relación más importante de su vida.

Si bien es cierto que tanto Pau Oliver como Àngels Gonyalons presentan los personajes más fuertes de la historia, el personaje que interpreta Marc Pociello, Javi, es posiblemente la llama que los unirá a través del tiempo y los ayudará a reparar sus vidas.

Pociello presenta así un personaje comprensivo, tenaz y custodio de ambos. Como posible inicio de relación sentimental con Oriol, a distancia, Javi le ayudará a comprender todo lo que está pasando en su vida y, sobretodo, en su cabeza. Aunque en ocasiones se sienta abandonado por Oriol, y dude de la posibilidad de mantener una relación con una persona tan distinta a sí mismo, esta relación se irá estrechando poco a poco para acabar mutando.
Es la primera vez que en una obra percibo de una manera tan diferente a Marc Pociello. Un personaje muy distinto a lo que nos tiene acostumbrados y, aunque su presencia es muy escasa, su personaje marca fuertemente al público presente.

En la parte técnica, destacar la sobresaliente escenografía ideada por Anna Alcubierre y la magnífica iluminación de David Bofarull, quienes recrean todos los posibles escenarios de la obra de una manera sublime y ingeniosa. Y, por último, remarcar la maravillosa banda sonora de la obra, escogida por el mismo Daniel J. Meyer, quien nos ayuda a conectar con los sentimientos que se muestran en escena y a esbozar alguna que otra sonrisa mientras entramos de lleno en las mentes de sus personajes y les vemos reparar lazos sentimentales.

Llegat es, en sí, una obra imprescindible para el público adulto. Una obra llena de mensajes esperanzadores y necesarios que dice más de lo que muestra.

Si no tuviste la oportunidad de acercarte a disfrutar de ella en el Teatre Akadèmia, no te preocupes, puesto que han anunciado una segunda temporada en el Espai Texas de Barcelona a principios de Octubre de 2024. Las entradas ya están a la venta.

Crítica realizada por Norman Marsà

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