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06.11.2024 Teatro  
Lizzie El Musical – Crítica 2024

El Teatre Gaudí de Barcelona programa Lizzie El Musical, un espectáculo basado en la historia real de Lizzie Borden, una mujer que puso fin a la vida de su familia a hachazos. Este thriller musical, nos presenta a una anti-heroína que planta cara a los reiterados abusos familiares y entona un grito a la libertad.

En el verano de 1892, en Fall River (Massachusetts, EE.UU.), Lizzie Borden fue acusada de asesinar a su padre y a su madrastra con un hacha. Las declaraciones de los testigos eran incoherentes y contradictorias, y no había suficientes pruebas incriminatorias, por lo que finalmente Lizzie fue declarada inocente. A través de la mirada de las cuatro mujeres que protagonizan la historia (la hermana de Lizzie, la amiga íntima de Lizzie, la asistenta de la casa de los Borden y, obviamente, la misma Lizzie) nos adentramos en la misteriosa mente de la joven mientras especula los motivos que podría haber tenido por haber cometido aquellos asesinatos: ¿la pérdida de la herencia? ¿La opresión? ¿Los abusos sexuales? ¿El desequilibrio mental?

Lizzie es un thriller musical liderado por cuatro mujeres en escena (Alba Grau, Claudia Anyor, Gemma Maus y Ariadna Clapés) que muestra una poderosa declaración feminista que tiene la intención de abrir debates morales, dando luz a la opresión histórica de las mujeres.

Tras cuatro largos años de creación, adaptación y preparación, la versión en catalán de Lizzie (versión acompañada de lengua de signos catalana en la función de los domingos) culmina su estreno oficial en el Teatre Gaudí de Barcelona tras sufrir una forzada detención debido a la pandemia del 2019. Ahora, el musical rock, con seis músicos en directo, viene a romper Barcelona con grandes interpretaciones y unas tesituras vocales envidiables.

Si bien todos conocemos algo de la historia de Lizzie Borden y lo que hizo, muchos de los presentes no conocían los motivos. Y eso es lo que el musical nos desgrana: una a una las causas que la llevaron a realizar dicho acto libertario y, cómo, los que tenía a su alrededor, no la abandonaron o renegaron de ella. Incluso, algunas de las personas más cercanas que tenían conocimientos de la causa y miraron a otro lado.

El trabajo de las cuatro actrices en escena está cuidado al milímetro. Aunque algunos problemas de vocalización en las notas más altas del rango vocal hacía que no entendiéramos algunas partes de alguna de las interpretaciones, debo indicar que es de alabar el anclaje y posición vocal que las actrices muestran en momentos en los que rompen techo. ¡Fantásticas! Lo mismo ocurre con las interpretaciones que evolucionan desde unas jóvenes inocentes afincadas en el Massachusetts del 1892 a, ya en la segunda parte, a unas jóvenes que por fin dejan de lado la sumisión para luchar por ellas mismas. Cabeza bien alta y orgullo propio. No hay duda de la evolución, ya que se nota con creces.

En la parte técnica, destacar el trabajo coreográfico y de movimiento ideado por Candela Díaz Sanz, quien en sus inicios ostentaba el personaje de Bridget Sullivan, la asistenta de los Borden. Candela presenta un cambio radical entre las dos partes que componen el musical. Cuando todas son más infravaloradas y están subyugadas al hombre, sus movimientos son más contenidos, más candentes… podemos mascar la ansiedad que genera una situación ya insostenible y, ya hacia el final de la primera parte, notamos como sus cuerpos luchan por soltarse y ser escuchados. En la segunda parte, todo es más libre. No hay nadie que las controle, ellas son ellas y así se muestran. Un movimiento más libre, rompedor y roquero que nos deja ver quién manda aquí.

Esto se apoya perfectamente con el exquisito vestuario creado por Alícia Leiva Otto. El final de la época Victoriana de la primera parte contrarresta con una segunda parte en la que parece que estemos disfrutando de un concierto de punk rock de los 90. Un cambio inteligente, apoyado también en la caracterización, que nos acerca a los personajes rápidamente a nuestra época para que nos pongamos en sus zapatos. Esos zapatos manchados de sangre desde el primer momento que las vemos salir a escena en el inicio del musical, y que dice mucho del tono a disfrutar.

La escenografía, construida por Carles Tomás, es simple y efectiva. Jugando con la dualidad de dos conceptos, luz y oscuridad. Módulos que las actrices mueven a su antojo para crear montañas que escalar, muros que sobrepasar y, así, mostrar su voz. Mostrarse a ellas.

Lizzie El Musical nos demuestra que aun hay musicales Off-Broadway por descubrir. Musicales que la gran mayoría del público desconoce y que pueden seguir sorprendiendo al respetable mientras les lanzan un mensaje que les hará reflexionar durante días. ¿Tú, como persona, hubieses hecho lo que hizo Lizzie?

Dentro de este gran tema, podríamos englobar diferentes sub-temas que nos harían valorar la pregunta principal hasta hacer fluctuar la respuesta de un rotundo sí a un rotundo no; y eso es lo que muestra el musical. Cuatro visiones, algunas más cerca que otras, que hacen que entiendas todas y cada unas de las relaciones que Lizzie tiene con el mundo y como este la afecta y la manipula. Sinceramente, todos acabaremos formándonos una idea al respecto.

Crítica realizada por Norman Marsà

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