novedades
 SEARCH   
 
 

27.05.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
LEXIKON – Crítica 2026

¿Para qué sirve el lenguaje? ¿Cuáles son sus posibilidades? LEXIKON, creación de El Conde de Torrefiel con texto y dirección de Tanya Beyeler y Pablo Gisbert, fundadores de la compañía, se presentó en el Teatro María Guerrero de Madrid como una exploración escénica sobre la palabra entendida como herramienta de creación y, al mismo tiempo, de imposibilidad.

Las sopas de letras son juegos que requieren atención, intuición y una cierta fluidez para descubrir órdenes ocultos dentro del aparente caos. El cartel de LEXIKON, diseñado por Emilio Lorente, funciona precisamente así: como una sopa de letras que anticipa la lógica interna de la obra. Un dispositivo que parece fragmentario, casi caótico, pero que esconde una reflexión muy precisa sobre el lenguaje y sobre cómo este dialoga con otros sistemas de significado: el escénico, el visual, el sonoro o el coreográfico. Lexikon significa, literalmente, colección de palabras.

La obra se articula como una sucesión de siete relatos que, al mismo tiempo, impugnan y reivindican el poder de las palabras y de las narraciones: desde el sueño enfermizo de una editora hasta un miembro de la RAE que habla a través de una marioneta; desde un viaje turístico por la Documenta de Kassel hasta el visionado de una película experimental y la presencia de máscaras robóticas contando chistes y recitando poemas. En cada uno de estos episodios aparece una forma de resistencia frente a cualquier intento de ordenar, clasificar o domesticar el lenguaje. Y en esa resistencia emerge siempre algo que se escapa: una extrañeza ante lo que se ve.

La estructura fragmentada de la pieza, construida a partir de episodios que combinan danza, marionetas, robótica, cine y experimentación sonora, recuerda a propuestas recientes como Cristo está en Tinder de Rodrigo García o Falsestuff. La muerte de las musas de Nao Albet y Marcel Borràs. Sin embargo, en el caso de LEXIKON, el conjunto adquiere una cualidad más contemplativa, casi hipnótica, donde el exceso de estímulos no satura sino que ordena una experiencia sensorial precisa y muy controlada.

La escenografía de Isaac Torres, en diálogo con la iluminación de Andrea Forlenza, construye espacios que no funcionan como simples soportes de la narración, sino como activadores de percepción. No ilustran lo que ocurre, sino que lo desplazan, lo tensionan o lo expanden. En este entramado visual, el uso de marionetas y robots programados por José Brotons Pla introduce una capa de extrañamiento especialmente potente: figuras que narran desde una distancia mecánica y que, sin embargo, obligan a repensar la fragilidad de lo humano, la forma en que contamos y nos contamos.

En escena, Tanya Beyeler, Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz y Mauro Molina no operan como personajes en sentido tradicional, sino como presencias que atraviesan el dispositivo escénico. Sus acciones se sitúan en un territorio intermedio entre la coreografía y el teatro, donde el cuerpo se convierte en otro sistema de escritura. La palabra, cuando aparece, no ordena ni estabiliza lo que vemos, sino que lo desplaza aún más, abriendo fisuras en lugar de cerrarlas.

En conjunto, LEXIKON deja una impresión persistente: la de un mundo construido por palabras que no terminan nunca de explicarlo del todo. Y quizá ahí reside su fuerza más precisa y más incómoda, en esa tensión constante entre lo que decimos y lo que, incluso diciéndolo todo, sigue escapando a cualquier forma de traducción definitiva.

Crítica realizada por Judith Pulido

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES