
El nuevo montaje de La zapatera prodigiosa tiene lugar sobre las tablas del Teatro Pavón de Madrid. El director, José Maya Cortés, captura la esencia de Federico García Lorca y la presenta al público de manera que este tenga la capacidad de construir sus propias lecturas a partir de las interacciones entre los diferentes personajes.
José Maya Cortés realiza un buen trabajo dirigiendo una obra en la que la escenografía y la música dan impulso a una historia que no deja de repetirse por mucho que intentemos desterrarla, la lucha de una mujer reprimida por las convenciones sociales; una mujer víctima de la hipocresía, la falsa moral y la murmuración. La zapatera es una de esas mujeres que protagonizan las obras de García Lorca y que constituye una aguda crítica contra una sociedad sociedad completamente tradicionalista, católica, y machista. Año tras año, se hacen en nuestro país multitud de montajes que abordan la figura del poeta y dramaturgo andaluz pero la versión frente a la que nos encontramos actualmente está siendo recibida con mucho entusiasmo por el público madrileño.
Para esta propuesta, el director realiza un montaje que se apoya en dos grandes pilares: la escenografía y la música. José Maya, diseña un fabuloso espacio escénico en el que juegan un papel fundamental las puertas, ventanas y espejos sin cristales que se van moviendo por todo el escenario. El otro punto fuerte es la música (con rasgueo de guitarra en directo) que corre a cargo de Juan Maya. A medida que va teniendo lugar la historia la música va acentuado o contextualizando cada una de las escenas que componen La zapatera prodigiosa.
Hay que destacar también el talento de todos los intérpretes. Jacobo Dicenta, Francesc Galceran, Jerónimo Maya, Belén Orihuela, Sara Moreno, Lili Lekmouli, José Maya Cortés, Abraham Arenas y Antonio Maya están estupendos logrando plasmar el alma de los personajes lorquianos y marcando el rol diferenciador de cada uno de ellos. La relación entre los actores está enaltecida por la química y sus textos fluyen para que todo lo que pasa en escena parezca real.
He dejado para el final a Lydia Aranda, el alma de este montaje, que realiza una soberbia actuación. La actriz nos brinda una interpretación llena de verdad, que va de menos a más, y está cargada de matices. Es una maravilla verla actuar y saborear cómo va plasmando ese amplio abanico de sentimientos de la protagonista a través de las miradas, de cada uno de sus gestos y cada uno de sus movimientos sobre las tablas de este céntrico teatro. Bien es cierto que el espectáculo nos deja imágenes y momentos cargados de emoción gracias, en gran medida, a la voz Aranda cuando canta.
La fuerza de los textos de Lorca, la estética del montaje y el maravilloso trabajo interpretativo hacen que el resultado final merezca la pena.
Crítica realizada por Patricia Moreno




