
Malena Alterio y Carmen Ruiz componen un dueto actoral sobresaliente en La vida extraordinaria, texto y dirección de Mariano Tenconi Blanco, que se puede ver en los Teatros del Canal de Madrid.
La vida extraordinaria propone un viaje íntimo por la amistad de Aurora y Blanca, dos mujeres de Ushuaia cuyas existencias, en apariencia ordinarias, se revelan como un territorio fértil para explorar la identidad, el deseo y la memoria. Mariano Tenconi Blanco opta por un tono confesional y lírico, en el que la psicología de los personajes es el verdadero motor dramático. Su mirada se posa en los pliegues emocionales de estas dos amigas, en cómo la literatura y la imaginación funcionan como salvavidas frente a la rutina, y en cómo el paso del tiempo moldea sus vínculos. Tenconi Blanco privilegia la palabra y la subjetividad, construyendo un relato que avanza como un diario compartido, lleno de evocaciones, algarabías y pequeñas epifanías.
La puesta en escena responde a ese tono introspectivo. Los interludios en vídeo (Agustina San Martín), con la voz cálida y envolvente de Alicia Borrachero, funcionan como extras poéticos que amplían el universo emocional de la obra, aportando capas de sentido sin alterar la continuidad narrativa. La escenografía (Ariel Vaccaro), de carácter meramente funcional, funciona como un espacio que se transforma lo justo para acompañar el viaje vital de las protagonistas. En cambio, el diseño de iluminación (Matías Sendón) destaca por su precisión y sensibilidad, modulando atmósferas, marcando transiciones temporales y subrayando los estados internos de Aurora y Blanca. La música en directo, interpretada con delicadeza por Diana Valencia (violín) y Jorge Naveros (piano), añade un pulso orgánico a la representación.
El corazón del montaje, sin embargo, late en el trabajo de Malena Alterio y Carmen Ruiz. Dos actrices en un estado de forma excepcional, guiadas por una dirección que demuestra oficio y una profunda comprensión del objetivo último, implicar y emocionar al público. Tenconi Blanco dirige con minuciosidad, cada gesto, mirada o apelación está calibrada con precisión. Alterio y Ruiz se entregan sin descanso a un trabajo de matices que exige tanto emocional como físicamente. Cuando están juntas, se complementan con naturalidad, cuando están solas, especialmente en los largos monólogos del segundo acto, se convierten en dueñas absolutas del escenario, sosteniendo la atención del público con una fuerza magnética.
Cada una aporta un estilo propio que enriquece el arco de décadas que recorren sus personajes. Las vemos transitar desde la adolescencia temblorosa hasta la madurez llena de cicatrices, pasando por los primeros descubrimientos sexuales, los matrimonios que se desgastan, las pérdidas, los deseos que se reconfiguran. Por momentos, el texto se ensimisma y se repliega en su propia narración, como si temiera abandonar la belleza de su prosa, pero el dinamismo interpretativo de Alterio y Ruiz consigue que la obra avance con solidez, que respire, que encuentre siempre un cauce emocional por el que seguir fluyendo.
Quizás La vida extraordinaria no quede grabada en nuestra memoria como un hito teatral, pero el trabajo de Malena Alterio y Carmen Ruiz es digno de ser recordado. Su entrega, su precisión y su capacidad para habitar a estas dos mujeres con verdad y hondura merecen un aplauso rotundo. Bravo por ellas.
Crítica realizada por Lucas Ferreira




