novedades
 SEARCH   
 
 

06.07.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
La Verbena de la Paloma – Crítica 2026

La temporada de Ópera de Tenerife se despidió el pasado 27 de junio en el Auditorio de Tenerife con una propuesta más que esperada: un magnífico programa doble que incluía Adiós, Apolo, un sainete escrito por Álvaro Tato y concebido por Nuria Castejón, como prólogo de la célebre zarzuela La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón, representada a continuación.

Al pensar en este doble espectáculo, Ópera de Tenerife quiso salir de lo que sería una representación convencional para convertirse en un bonito homenaje al Teatro Apolo y a todos los que hicieron posible que el género chico trascendiera hasta nuestros días.

Adiós, Apolo nos sitúa en el ensayo de La verbena de la Paloma, durante el cual, la compañía descubre que esa noche van a ofrecer su última representación ya que el teatro ha sido adquirido por una entidad bancaria. Por sí sola ya es una pieza con fuerza e identidad propia, pero tras su representación, esta se convierte en un prólogo que enriquece la parte siguiente. Es una pequeña joyita creada con inteligencia, sensibilidad y mucho humor.

La verbena de la Paloma, cuyo subtítulo El boticario y las chulapas y celos mal reprimidos, ya nos dice mucho de su historia, es un sainete lírico en prosa con libreto de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón. Su título hace referencia a las fiestas madrileñas en torno al 15 de agosto, cuando se celebra la procesión de la Virgen de la Paloma. Consta de un solo acto, ya que es la zarzuela típica de género chico. En la obra encontramos personajes tan entrañables y recordados como don Hilarión, su amigo don Sebastián, el enamorado Julián, la tía Antonia, las chulapas, el boticario y el tabernero. Todos ellos personajes característicos del viejo Madrid del siglo XIX.

En conjunto, podemos decir que pudimos disfrutar de una representación que conquistó al público desde el primer momento, pues se percibía una gran compenetración de todos los integrantes del espectáculo. En cada escena y número musical se generó una gran dinámica y una energía súper positiva que nos contagió e hizo vibrar desde nuestras butacas. Se pudo sentir el cariño y enorme trabajo que hubo detrás.

Desde el foso, el maestro Víctor Pablo Pérez, volvió a deleitarnos con su enorme experiencia con la batuta. Al frente de una magnífica Orquesta Sinfónica de Tenerife, consiguió que orquesta e intérpretes vocales fluyeran y se sincronizaran en sus tiempos y ritmos cambiantes.

Cabe destacar el espléndido trabajo en la dirección de escena y la coreografía de Nuria Castejón. Su profundo conocimiento del género fue evidente en cada detalle, convirtiendo este espectáculo en una maravilla visual en sintonía con el resto de elementos.

La escenografía diseñada por Nicolás Boni apeló profundamente a la nostalgia. Los distintos espacios nos transportaron a aquella Madrid castiza con un planteamiento funcional. Sumado a ello, el excelente diseño de vestuario de Gabriela Salaverri, no solo aportó color y personalidad, también se sumó a esa nostalgia de tiempos pasados.

Y como siempre, se debe hacer una mención especial al Coro Ópera de Tenerife-Intermezzo, preparado tan acertadamente por Miguel Ángel Arqued. Su intervención, tanto vocalmente como en la parte escénica, fue indispensable para construir ese ambiente festivo que llega a ser la verdadera razón de ser de la obra.

Aunque hubo momentos en los que el efecto cortina de la orquesta nos dificultó escuchar bien algunas voces, en general todo el reparto brilló con una gran muestra de talento. Antonio Comas ofreció un Don Hilarión magnífico, hasta podríamos decir, entrañable. Hizo natural su interpretación del boticario reputado y pillo enamorado de dos chulapas. Gerardo López compuso un simpático Don Sebastián lleno de humanidad, mientras que César San Martín nos presentó un Julián intenso, de gran presencia escénica y buena línea vocal. Amparo Navarro dio vida a una afectuosa y maternal Señá Rita y Carmen Romeu, nos regaló una Susana contradictoria pero profundamente enamorada. Lara Sagastizabal aportó frescura a su rol como Casta, mientras que Gurutze Beitia construyó a una hilarante Tía Antonia llena de fuerza y personalidad. Rafa Castejón estuvo fantástico y carismático en su doble rol: como Director de escena en Adiós, Apolo y Tabernero en La Verbena.

El componente más emotivo llegó de la mano de la cantaora Sara Salado, cuya intervención causó sensación por su autenticidad y emoción. Sobre las tablas la acompañó Cristina Arias, quien demostró gran fuerza expresiva y precisión técnica, redondeando una producción brillante y enormemente disfrutada por el público.

Con esta doble propuesta, Ópera de Tenerife no solo cerró su temporada por todo lo alto, sino que rindió un bonito homenaje a la zarzuela y a quienes la han mantenido viva durante generaciones. Una producción concebida con ingenio y amor por el género, que nos hizo sonreír y emocionar y también nos recordó que estas obras todavía siguen conectando con el público de hoy.

Crítica realizada por Celia García

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES