
El Teatro de la Comedia de Madrid nos ofrece una de las obras más divertidas de Lope de Vega, La vengadora de las mujeres. Una propuesta dirigida por Carlos Martín y con un reparto coral encabezado por Silvia de Pé y José Vicente Moirón.
Hay textos de Lope de Vega que siguen latiendo con una modernidad desarmante, tal y como ocurre con La vengadora de las mujeres. La obra -dramaturgia adaptada por Alfonso Plou y María López Insausti– nos presenta a Laura, princesa de Bohemia, mujer culta, brillante y de fuerte personalidad que decide enfrentarse a un mundo gobernado por hombres. Harta de los abusos, de la hipocresía y de los tópicos que reducen a la mujer a mero objeto amoroso, funda una suerte de escuela femenina desde la que reivindica la inteligencia y la dignidad de las mujeres.
Lo fascinante es comprobar cómo Lope, en pleno Siglo de Oro, construye un personaje femenino tan combativo, tan libre y tan lúcido. Argumento que convierte a esta obra casi protofeminista, llena de ironía, de crítica social y de una vivísima inteligencia teatral. Pero, lejos de convertirse en un alegato solemne, Lope convierte todo ese conflicto en una fiesta de ingenio, equívocos y juego escénico.
La dirección de Carlos Martín capta y expone perfectamente esa doble naturaleza del texto y la abraza con una energía contagiosa. El montaje encuentra el tono exacto entre la reivindicación y la comedia desatada, revelando toda la alegría, la chispa y la gracia que contiene la escritura del maestro de las letras. Hay una ligereza muy trabajada en escena, una sensación de movimiento constante que hace que cada verso respire con naturalidad. La escenografía (Oscar Sanmartín y Carlos Martín), elegante y dinámica, se adapta al servicio del ritmo, mientras el vestuario (Agustín Petronio) aporta una personalidad visual muy marcada para, a través del color, reforzar la modernidad del conflicto. La música de David Angulo funciona como un motor emocional y cómico de primer orden, acompañando cada transición con frescura, y la iluminación de Felipe Ramos crea atmósferas cambiantes llenas de sofisticación. Todo está medido con enorme precisión: el movimiento escénico, las entradas y salidas, los silencios, las miradas.
En el centro de todo emerge el trabajo extraordinario de Silvia de Pé, absolutamente magnética como Laura. Su interpretación combina inteligencia, ironía, sensibilidad y una enorme fuerza escénica. Consigue que el personaje nunca pierda humanidad bajo el discurso reivindicativo, y cada réplica suya está cargada de intención y musicalidad. A su lado, José Vicente Moirón construye un Lisardo lleno de matices, carisma y elegancia cómica, en un trabajo magnífico de escucha y ritmo. Pero sería injusto no destacar el nivel del conjunto, Secun de la Rosa, Gabriel Moreno, Xavi Caudevilla, Nacho Rubio, Chavi Bruna, Lorena Berdún e Itziar Miranda conforman un reparto espléndido donde cada aparición aporta un destello distinto, una energía propia, una nueva chispa humorística. No hay secundarios pequeños aquí; todos enriquecen la función con precisión y personalidad.
Y precisamente de esa suma nace uno de los grandes logros del espectáculo, su ritmo. La función avanza con una fluidez admirable, sin un solo momento muerto, encadenando situaciones, juegos verbales y equívocos con una agilidad casi vertiginosa. La comicidad nunca decae y en varios momentos alcanza un tono directamente hilarante, provocando carcajadas sinceras en el público. Todo sucede con una alegría escénica tan generosa que el tiempo parece pasar volando.
Qué gozo reencontrarse con un Lope tan vivo, tan audaz y tan divertido. Qué alegría asistir a un montaje que entiende que el teatro clásico puede ser festivo y brillante, y sonar a ayer y hoy a la par. La vengadora de las mujeres es una celebración del humor, de la inteligencia y del placer de hacer buen teatro. Una función para pasarlo en grande.
Crítica realizada por Lucas Ferreira.




