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05.02.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
La omisión de la familia Coleman – Crítica 2026

Escrita y dirigida por Claudio Tolcachir, La omisión de la familia Coleman regresa a Madrid con una breve estancia de seis funciones en el Teatro Infanta Isabel, una nueva oportunidad para reencontrarse con esta historia de convivencia familiar asfixiante.

Hay días en los que el frío y la lluvia vuelven la ciudad más inhóspita. En esos días, el teatro funciona como refugio: un lugar al que entrar para resguardarse, sentarse cómodamente y dejar que, durante un rato, la vida se cuente desde otro sitio. Eso es lo que ocurre estos días de febrero en el Teatro Infanta Isabel con una obra que estará muy poco tiempo en cartelera y que no conviene dejar pasar: merece mucho la pena.

La omisión de la familia Coleman, creada en 2005, se ha consolidado como una de las obras más importantes del teatro argentino de los últimos años. Su permanencia en cartelera y sus continuas reposiciones hablan de la fuerza y vigencia de la propuesta, que combina humor, tensión y un retrato profundo y peculiar de las relaciones familiares.

Esta familia está al borde del abismo, atrapada en tensiones que podrían romperla en cualquier momento. Solo la abuela los mantiene unidos, un personaje desbordante de humor y ternura, interpretado brillantemente por Cristina Maresca. La actriz le da profundidad y presencia; cada gesto, cada pausa y cada palabra transmiten autoridad y ternura a la vez, haciendo que los espectadores y espectadoras sientan que el equilibrio depende de ella. Su actuación no solo genera risas en el patio de butacas, sino que también provoca momentos de emoción contenida. Completan el reparto Jorge Castaño, Juan Zuluaga Bolivar, Tamara Kiper, Inda Lavalle, Miriam Odorico, Gonzalo Ruiz y Fernando Sala, todos ellos entregados de manera notable a sus respectivos personajes. Cada uno aporta matices propios que refuerzan el retrato familiar pero lo más destacado es el trabajo coral: la química y la complicidad entre ellos es evidente, haciendo que las interacciones domésticas se sientan naturales y completamente creíbles, a pesar de la extravagancia de sus personalidades. El público puede sumergirse por completo en la dinámica de los Coleman durante los 105 minutos que dura la obra, y esto se debe en gran medida al trabajo excepcional del elenco, que brilla con una interpretación impecable y llena de matices, elevando cada escena a un nivel impresionante.

La dirección de actores es otro de los grandes aciertos. Cada intérprete está guiado con precisión, logrando que los personajes sean auténticos y ricos en matices, con exageraciones pero manteniendo la naturalidad de la vida cotidiana. El equilibrio entre humor y tensión dramática se consigue a la perfección, fruto de un cuidado trabajo de acompañamiento que permite que cada escena funcione con total eficacia.

La escenografía, aparentemente sencilla, resulta fundamental para comprender su universo. El espacio escénico reproduce una vivienda abarrotada, caótica y estropeada, reflejo directo del estado emocional de la familia. Cada rincón transmite sensación de acumulación y falta de orden, reforzando la idea de una convivencia asfixiante en la que no hay espacio —ni físico ni emocional— para que los personajes puedan escapar de sus conflictos. Lejos de ser un mero fondo, la escenografía se convierte en un elemento narrativo más, acompañando y potenciando el relato que tiene lugar sobre las tablas.

El trabajo de iluminación, a cargo de Ricardo Sica, acompaña de manera muy eficaz el desarrollo de la obra. Lejos de imponerse, está al servicio de la historia y contribuyen a crear una atmósfera íntima y sofocante. La iluminación subraya los cambios de tono y los distintos estados de ánimo de los personajes, ayudando a que el espectador se adentre aún más en la cotidianidad caótica de esta familia.

La omisión de la familia Coleman se despide de Madrid tras estas últimas funciones, dejando una huella imborrable en quienes la han visto. Humor, emoción y verdad familiar se combinan de manera sobresaliente, y el trabajo del elenco, sólido y lleno de química, hace que cada escena cobre vida y permanezca en la memoria mucho después de que caiga el telón.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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