
Si hacemos un ejercicio de memoria, ¿qué es aquello que aparece cuando soñamos? ¿Y cuando no podemos dormir? La gran cacería, obra escrita y dirigida por Juan Mayorga, surgió de una noche de insomnio. El Teatro del Barrio de Madrid acogió esta pieza, interpretada por el propio dramaturgo en formato monólogo, que podrá verse de nuevo el 1 de diciembre.
La historia presenta a un hombre desvelado mientras viaja en barco desde Sicilia al continente, atravesando el mar Mediterráneo (aquel en el que se han desarrollado grandes mitos y leyendas). En su pensamiento insomne recuerda su viaje a la villa romana de Casale, donde la escena de un mosaico le llamó la atención. La gran cacería, título de la pieza artística que da nombre a la teatral, presenta numerosas figuras humanas dando caza a grandes fieras. Tigres, gacelas, jabalíes y rinocerontes salvajes se enfrentan a una sociedad que pretende doblegarlos.
A partir de esta imagen, el personaje reflexiona en torno a la brutalidad humana, su crueldad para otros seres e incluso para si mismo. Es, de hecho, un detalle del mosaico el que genera todo este pensamiento: la imagen de un hombre a punto de ser azotado por otro. ¿Quién es él y por qué no se somete? Las preguntas, propias de una mente inquieta, se formulan constantemente en este texto que se construye como un puzzle.
El autor juega con el espectador, dandole pequeñas pistas para que logre generar un paisaje completo de su filosofía -como el proceso de elaboración de un mosaico-. Sin embargo, la obra no pretende desvelarse como fotografía nítida. Al contrario, como en un sueño, el texto explora distintas capas del subconsciente para encontrar y dar espacio a emociones soterradas como la culpa, el miedo o la incertidumbre. Seguidor del pensamiento de Walter Benjamin, Mayorga repite constantemente una de sus icónicas preguntas durante la obra: ¿De verdad alguien puede dormir?
Lleno de símbolos y metáforas, este monólogo acaba por adentrarse en un territorio onírico que prolonga el desvelo del protagonista. En esa frontera incierta entre la vigilia y el sueño, el Mediterráneo se convierte en el escenario perfecto para la deriva del pensamiento. Su carga mítica y su vastedad parecen alimentar la ensoñación del hombre insomne, como si el propio mar avivara su delirio y lo empujara hacia las profundidades de su conciencia.
Como una odisea, esta es la historia de un largo viaje: el del protagonista, pero también el de la historia que le precede y se despliega ante sus ojos. De la guerra, del sometimiento, de la cacería. Una historia sobre la injusticia y la inconsciencia hacia los demás, que resuena con fuerza en nuestro tiempo. La gran cacería recuerda que, hoy, siguen existiendo motivos para desvelarse.
Crítica realizada por Judith Pulido




