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27.04.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
La Desconquista – Crítica 2026

Las clásicas señas de identidad de Ron Lalá vuelven a hacerse evidentes sobre las tablas del Teatro Infanta Isabel de Madrid con La Desconquista. Obra en la que vuelve a brillar ese fino humor tan característico junto con un trabajo sobresaliente en el uso de la rima y el verso. A esto se suma una música que no solo acompaña, sino que articula y da forma a toda la propuesta.

Hay compañías que, cuando anuncian una nueva obra, activan en mí una inevitable cuenta atrás. Ron Lalá es una de ellas. Cada estreno suyo se convierte en una cita marcada en el calendario mucho antes de que llegue el día porque son, sin ningún tipo de duda, una apuesta segura. De esas obras a las que irías con los ojos cerrados sabiendo que no hay margen de error. Su teatro es una bocanada de aire fresco dentro de la vorágine del día a día; un espacio donde el humor provoca carcajadas sin esfuerzo, donde la música juega, empuja y divierte pero sin quedarse en el mero entretenimiento. Porque ahí radica su gran virtud: Ron Lalá no se conforma con hacer reír, sus obras siempre esconden una mirada crítica hacia la sociedad, un espejo incómodo y lúcido en el que reconocerse, y una propuesta de reflexión que permanece mucho después de la caída del telón. Verlos es un ejercicio de admiración constante.

En 1592, tres hombres quedan a la deriva en una barca: un marino, un capitán y un misionero. Cada uno arrastra su propio pasado, sus motivaciones y su manera de entender el mundo, pero los tres comparten un mismo destino: llegar al Nuevo Mundo. A su alrededor, en un plano paralelo, un cronista del reino y su ayudante observan y relatan lo sucedido, aunque no siempre coinciden en su versión de los hechos, aportando así distintas miradas sobre una misma travesía. El texto de Álvaro Tato es una auténtica joya que destaca por su precisión y por una escritura en verso clásico que se integra con naturalidad, sin rigidez ni artificio de ningún tipo. Se suma una riqueza verbal llena de juegos lingüísticos e intervenciones ingeniosas que aportan frescura a todo el conjunto. También resulta muy interesante la construcción de La Desconquista a través de una sucesión de escenas que, en algunos casos, funcionan casi como piezas independientes. Sin embargo, estas secuencias se articulan con mucha coherencia, impulsando el desarrollo dramático y aportando un dinamismo constante durante los ochenta minutos que tiene de duración. Todo ello contribuye a un ritmo vertiginoso que sostiene la atención de los espectadores y espectadoras de principio a fin.

Sobre el escenario, Juan Cañas, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher, Diego Morales y Luis Retana ponen al servicio del texto todo su talento y su soltura interpretativa. Todo ello bajo la eficaz dirección de Yayo Cáceres que logra que cada intérprete encuentre su espacio sin perder la unidad ni el ritmo del conjunto. El dominio del verso por parte de los cinco es sobresaliente, alternan con naturalidad pasajes cargados de ingenio y humor con otros de mayor intensidad dramática, sin que nada se vea forzado. Se suma un trabajo gestual muy preciso que acompaña y refuerza cada intervención, dotándola de una expresividad admirable.

Como es habitual en los trabajos de Ron Lalá, La Desconquista incorpora un amplio y cuidado apartado musical, interpretado en directo por los propios actores. En él conviven ritmos como rumbas y sevillanas con guiños al carnaval, e incluso aparece de forma inesperada una delicada nana. La música sostiene y acompaña en todo momento este montaje enérgico y lleno de vitalidad que propone una mirada lúcida sobre nuestra historia e identidad, alejada de prejuicios y planteada desde el juego y la ironía.

Lejos de artificios innecesarios, la puesta en escena se apoya en una escenografía funcional y dinámica (de la que se encarga la propia compañía y Tatiana de Sarabia) que demuestra que, cuando hay buenas ideas, no hacen falta excesos. El trabajo técnico acompaña con precisión, afinando el ritmo y potenciando cada momento sin distraer de lo verdaderamente impoartante: palabra, gesto y música.

No hace falta insistir demasiado: cualquiera que tenga la oportunidad de acercarse a ver esta obra haría bien en no dejarla pasar. Difícilmente saldrá decepcionado ante una compañía que demuestra, una vez más, su altísimo nivel y el cuidado minucioso que dedica a cada detalle de sus montajes. Ron Lalá llama La Desconquista a lo que, en realidad, es otra conquista en toda regla. Y una cae, feliz, sin oponer resistencia.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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