
Josep María Mestres estrena en los Teatros del Canal de Madrid su visión de La dama boba de uno de nuestros clásicos del Siglo de Oro, Lope de Vega. Un trabajo que suena clásico y divertido, pero también actual y sagaz gracias al buen hacer de sus intérpretes.
La dama boba, escrita en 1613, ocupa un lugar privilegiado dentro del repertorio de Lope de Vega (1562-1635) al reunir algunas de las mayores virtudes de la comedia áurea: el enredo amoroso, la agilidad verbal, la construcción de personajes memorables y una mirada sorprendentemente moderna sobre la identidad, la educación y los prejuicios sociales. La historia de Finea, considerada por todos una joven incapaz y destinada a un papel secundario, se convierte en un inteligente juego de apariencias donde el amor, el deseo y la ambición alteran las jerarquías establecidas. Cuatro siglos después de su escritura, sigue resultando una comedia vivísima, capaz de provocar la risa mientras invita a reflexionar sobre las etiquetas que imponemos a los demás.
La adaptación de Xus de la Cruz y la dirección de Josep Maria Mestres parten de una premisa clara: acercar el clásico al espectador contemporáneo sin traicionar su esencia. La intervención de de la Cruz no busca modernizar el texto, sino facilitar el acceso a él, reforzando la conexión emocional con la acción. Son especialmente significativos los primeros minutos del espectáculo, inexistentes en el original, que funcionan como una eficaz puerta de entrada al universo de la obra y permiten que el público se incorpore de inmediato a su dinámica.
Por su parte, Josep Maria Mestres firma una puesta en escena que logra una virtud nada sencilla: satisfacer simultáneamente a públicos muy distintos. Los espectadores más fieles al teatro clásico encontrarán un profundo respeto por el verso, por la musicalidad del lenguaje y por las convenciones escénicas que han hecho perdurar estas comedias desde hace siglos. Las entradas y salidas, los equívocos y la arquitectura del enredo se desarrollan con precisión y elegancia. Al mismo tiempo, el director imprime al montaje una energía contagiosa, una búsqueda constante del gag, de la sorpresa y de la ocurrencia escénica. El humor aparece con inteligencia y sin estridencias, generando un dinamismo con el que los más jóvenes supongo descubren en Lope de Vega una comicidad mucho más cercana de lo que podrían imaginar.
Todo ello gracias a un elenco entregado y perfectamente alineado con la propuesta. Los intérpretes (Joaquín Notario, Carolina Rubio, Silvana Navas, Carlos Serrano, Pablo Béjar, Markos Marín, Concha Delgado, Víctor de la Fuente y Alberto Granados) realizan un notable trabajo tanto en el plano retórico como en el físico, dominando el verso con naturalidad y desplegando una gestualidad expresiva que multiplica el efecto cómico de numerosas escenas. El ritmo colectivo constituye una de las grandes fortalezas del montaje, sostenido por una compañía que entiende el valor de la escucha y de la réplica. A ello se suma una cuidada concepción escénica en la que escenografía (Clara Notari), iluminación (Juanjo Llorens), vestuario (Gabriela Salaverri) y espacio sonoro (Alberto Granados) contribuyen a crear un universo coherente, atractivo y funcional, siempre al servicio de la acción dramática.
Con esta producción, Josep Maria Mestres demuestra algo que ya sabíamos, que los clásicos pertenecen tanto al pasado como al presente. La dama boba conserva intacta su capacidad para divertir porque su humor, su observación de las relaciones humanas y su construcción de personajes siguen siendo reconocibles. En muchos momentos se percibe cómo las raíces de esta comedia anticipan autores teatrales y comediantes de la escena y de la pantalla posteriores. Mestres nos ofrece un espectáculo ágil y accesible con el que (re)descubrir y recordar por qué Lope de Vega sigue siendo uno de los grandes maestros de nuestra escena.
Crítica realizada por Lucas Ferreira




