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22.05.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Inútil (un cactus i altres desastres) – Crítica 2026

Inútil (un cactus i altres desastres) florece en El Maldà de Barcelona como una de esas propuestas pequeñas en formato pero enormes en sensibilidad. Una terapia pop-folk sobre la depresión, la autoexigencia y el síndrome de la impostora. Y una mirada honesta a todas esas grietas emocionales que solemos esconder bajo la aparente normalidad.

Escrita y dirigida por Alícia Serrat junto a la composición musical de Clodine y la propia Serrat, la obra nos presenta a Cris, una joven actriz atrapada en una espiral de autocrítica constante. Aunque aparentemente “lo tiene todo”, vive incapaz de escapar de sus inseguridades y de esa voz interior que nunca deja de cuestionarla. Entre sesiones de terapia, castings, relaciones fallidas y cactus que no sobreviven, el montaje construye una pieza de autoficción que pone luz sobre la salud mental desde el humor, la música y una vulnerabilidad profundamente reconocible.

La dirección de Serrat apuesta por la proximidad emocional y la honestidad escénica. En un espacio como El Maldà, donde la cercanía con el público multiplica el impacto de cada gesto, la propuesta encuentra un equilibrio muy preciso entre ligereza y herida. En todo momento, la obra mantiene al espectador completamente atento a una historia complicada, aunque divertida en su superficie, riéndose de las dificultades de la vida y de las situaciones que describe. Situaciones profundamente reconocibles que muchas personas podrán extrapolar fácilmente a sus propias experiencias, conectando todavía más con el viaje emocional de su protagonista.

La dramaturgia destaca precisamente por esa capacidad de convertir experiencias profundamente íntimas en algo colectivo. El texto transita entre lo cotidiano y lo poético con enorme naturalidad, construyendo una voz generacional marcada por la ansiedad, la presión constante y la necesidad de validación. Los diálogos son punzantes, directos, divertidos y tremendamente precisos, manteniendo constantemente la atención del público mientras equilibran humor y dolor con enorme inteligencia. Hay ironía, sí, pero también una voluntad clara de desestigmatizar la depresión y de reivindicar el arte como herramienta de supervivencia emocional.

En escena, Claudia Nogués sostiene el corazón emocional de la función con una interpretación cercana, frágil y absolutamente auténtica. Su trabajo evita cualquier tentación de sobreactuar el dolor, encontrando fuerza precisamente en la vulnerabilidad. Pero el trabajo actoral resulta inconmensurable en su conjunto. A su lado, Pau Oliver y Anila Padrós construyen esa galería de personajes —psicólogos, familiares, profesores o exparejas— que orbitan alrededor de Cris con tics, comportamientos y maneras de hablar totalmente reconocibles y extrapolables a nuestra propia realidad. Cada personaje está perfectamente perfilado y todos resultan imprescindibles dentro de una historia que nunca pierde su dimensión humana.

La música tiene un papel fundamental dentro del espectáculo. Más que simples canciones insertadas en la narración, las composiciones funcionan como extensiones emocionales del personaje protagonista. La música pop-folk atraviesa toda la pieza con una sensibilidad muy contemporánea, mientras los arreglos de Albert Solà aportan cohesión y textura sonora a un montaje donde palabra y música conviven constantemente. Las canciones no interrumpen la acción: la continúan desde otro lugar, amplificando todavía más el viaje emocional que propone la obra.

En el apartado técnico, la propuesta apuesta por una sencillez muy bien medida. La escenografía de Júlia López i Melià convierte el espacio en una extensión del universo mental de Cris, jugando con elementos cotidianos y pequeños detalles visuales que acompañan el tono íntimo del montaje. El diseño de iluminación de Clàudia Serra trabaja desde la sutileza emocional, mientras que el diseño de sonido de Damià Duran sostiene el delicado equilibrio entre teatro y concierto íntimo. El vestuario, diseñado por la propia Claudia Nogués, refuerza esa sensación de vulnerabilidad cotidiana que atraviesa toda la función.

Y es que Inútil (un cactus i altres desastres) termina atravesando completamente al espectador. La obra consigue ponernos en la piel de su protagonista, haciéndonos entender lo que siente en cada momento y acompañándonos en ese descenso emocional que, lejos de hundirnos, también encuentra espacio para la esperanza, el humor y el afecto. Si alguna vez se ha experimentado algo de lo que aquí se explica, el montaje golpea todavía más fuerte, pero también reconforta. Su mirada positiva sobre el proceso de convivir con la depresión tiene algo profundamente humano y casi curativo.

Por sus interpretaciones, por la honestidad de su historia, por la precisión de su dirección y por la sensibilidad con la que todas sus piezas encajan, estamos ante un espectáculo tan redondo como especial. Una propuesta imprescindible en la cartelera barcelonesa actual y, sin duda, uno de esos montajes que nadie debería perderse ahora mismo en la Ciudad Condal.

Crítica realizada por Norman Marsà

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