
Entre la performance, la instalación y el propio juego de mirar, INT. MUSEO, en Nave 73 de Madrid, propone una experiencia escénica que desdibuja los límites entre lo que se observa y lo que se interpreta, situando al espectador en un lugar activo dentro del espacio.
La pieza, dirigida y escrita por Manuel Tejera, quien además encarna la figura de la estatua, y ganadora del festival A4BANDAS, construye desde el inicio un universo híbrido en el que lo museístico y lo escénico se entrelazan. Al acceder a la sala, el espectador se encuentra con una composición visual que ya funciona como obra en sí misma: un cuerpo desnudo cubierto por plástico en el centro del espacio, un pianista que repite una melodía constante y varios elementos dispuestos como si se tratara de una exposición.
La dinámica rompe con la estructura teatral tradicional al dividir al público en grupos para recorrer una instalación acompañada de audios que invitan a reflexionar sobre el cuerpo, el mar o la propia idea de arte. Este dispositivo genera una experiencia inmersiva, en la que cada espectador construye su propia interpretación a partir de lo que observa y escucha.
La propuesta se sitúa en un terreno intermedio entre lo instalativo y lo teatral, combinando ambos lenguajes en una experiencia que guía al espectador a lo largo de la pieza. Aunque se plantea como una propuesta museística, mantiene una estructura escénica clara que da coherencia al conjunto.
Mientras tanto, la acción continúa desarrollándose en paralelo. El cuerpo que inicialmente aparece como objeto expositivo es intervenido por el escultor, interpretado por Pablo Villa Sánchez, que lo manipula y transforma, desdibujando la frontera entre escultura y ser vivo. A su alrededor, el elenco formado por Paula Casales, Joaquín Delgado, Suerte Quintero Bandrés, Manuel Tejera y el mismo Villa Sánchez, construye un conjunto de acciones que oscilan entre lo simbólico y lo performativo.
Uno de los momentos más destacados llega con la aparición de la paloma, interpretada por Suerte Quintero Bandrés, que introduce un monólogo cargado de ironía sobre la experiencia de visitar un museo y la necesidad de aparentar comprensión ante el arte contemporáneo. Este gesto aporta una dimensión autorreferencial interesante, al poner en cuestión tanto la propia pieza como la posición del espectador dentro de ella.
En el apartado técnico, el diseño sonoro, con composiciones de Joaquín Delgado y Tagore González, y la iluminación acompañan la construcción de una atmósfera envolvente que refuerza el carácter sensorial de la propuesta. La escenografía, diseñada por Manuel Tejera y Paula Casales, contribuye a ese diálogo constante entre espacio expositivo y escena.
En conjunto, INT. MUSEO es una propuesta que apuesta por la sugerencia y la acumulación de imágenes más que por un desarrollo narrativo convencional. Una pieza que invita a observar, a interpretar y a dejarse llevar por una experiencia distinta, que, desde lo extraño, consigue atrapar al espectador.
Crítica realizada por Mar Gimeno




