
Ocho son los proyectos seleccionados para este XI Ciclo de Teatro Argentino: La décima cita, Vitis vinifera, Ilda Éter, Los caminos de Federico, Cajita fuerte, Perspectivas de un encuentro, El insomnio de Goethe, y Hambre. Tercer encuentro con el Ciclo de El Umbral de Primavera de Madrid: Ilda Éter.
Ilda Éter cuenta con la dramaturgia y dirección de Mercedes Cech, interpretación de Alba Ribas, Santiago Scauso y Sasha Falcke, diseño de escenografía y vestuario de Kris Tsai, y diseño de luces de Mercedes Cech y Juanfran García.
El velorio de Ilda, que en paz descanse, lo están organizando sus nietos en la casa familiar, supuestamente esperando que el resto de la familia llegue a la reunión. Una mesa ceremonial, una hogaza de pan, un barra de fuet y tres sillas de playa acompañarán a las protagonistas en el transcurso del día, mientras antiguas rencillas, envidias y herencias pendientes se reparten entre bocado y bocado del embutido rebanado con un cuchillito, el mismo con el que parece que se corte la tensión creciente ante un plan que quizás no estuviese tan improvisado.
Ilda Éter es una breve pieza a tres voces, que coge desprevenido precisamente por su concreción y su abrupto final, en lo que podría haber sido el nudo de la trama. Sasha Falcke, Santiago Scauso y Alba Ribas se lanzan los parlamentos con rapidez, reproche complice de hermanas, y el veneno certero de la matriarca de cuerpo presente. Ding dong, the witch is gone… O no.
Mercedes Cech propone moverse en dos terrenos bastante dificiles, y con la complejidad de la inmediatez del teatro: la comedia y el terror. Lo sobrenatural no es llevado a escena con normalidad por toda la complejidad de diseños varios que entraña (para que el resultado sea sobrecogedor y efectivo), y yo únicamente he podido disfrutar una vez de una producción a ese nivel, en el Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional. Meter a una audiencia en un estado en el que el misterio y la inquietud son las protagonistas, exige de un texto de precisión quirúrquica, y ni siquiera La mujer de negro considero que logre la atmósfera ideal, por los subrayados jumpscares y las luces parpadeantes.
Ilda Éter no necesita de eso, y sin lograr que el giro final sea un plot twist efectivo, me interesa más como comedia familiar coral sobrenatural, en la que me hubiese quedado un rato más mientras el calor sofocante y el encierro hacia mella en ellas y la herencia era debatida y cuestionada como debe hacer toda familia de bien.
Crítica realizada por Ismael Lomana




