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04.03.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Hambre – XI Ciclo de Teatro Argentino – Crítica 2026

Cierro el XI Ciclo de Teatro Argentino en El Umbral de Primavera de Madrid con el broche de Hambre, de la matriarca, la referenta y adorada Viviana López Doynel, basada en los diarios de Carolina María de Jesús, la escritora brasileña que retrató la favela desde su casa sin ventanas.

La obra es una producción de El Umbral de Primavera que cuenta con la interpretación de Txaro Kandler, Catalina Peláez Ros y Agustina Suárez. La dramaturgia y dirección escénica están a cargo de Viviana López Doynel, sobre una adaptación de Claudia Coelho y Emanuela Lamieri, y con Camila Giannotti como ayudante de dirección. El apartado técnico y visual lo integran Jimmy Herrera en la dirección y composición multimedia, Diego Scagni en el diseño audiovisual, Raquel Puche en la iluminación y Máximo A. Huerta en la fotografía. Finalmente, la producción ejecutiva es responsabilidad de Viviana López Doynel e Israel Giraldo.

Ya solo con abrazar la emoción de Viviana López Doynel al final de función, con los 30min más de duración que el estreno y los nervios y la emoción se les escapó, Hambre ya merece la pena, por el esfuerzo, la ilusión y todo el camino recorrido desde su concepción hasta el estreno con público, que además les ha hecho prorrogar su presencia en la sala fuera del Ciclo de Teatro Argentino en el mes de marzo. La lucha de la protagonista por hacer una crónica de su día a día en los márgenes, en la periferia luminosa de las favelas, circundando barrios que han desarrollado una ceguera selectiva del otro lado de la calle, del que escuchan historias, o llegan olores, pero que son una realidad alternativa, casi un fantasma corpóreo que se manifiesta y crea cierta disrupción, pero al que pueden ignorar aunque sea de una forma incómoda.

Carolina María de Jesús, interpretada por Txaro Kandler, es una madre buscando por la ciudad cartones y chatarra que convertir en dinero, cuadernos, y arte. Dinero que convertir en comida y cierto confort; cuadernos que construyan una crónica, un testimonio en primera persona de un realidad incómoda; y arte que como forma de hacerse presente, leyenda, corpórea. Los diarios de Carolina María de Jesús son la sábana del fantasma de la pobreza de Sāo Paulo, la manifestación de una voz que logró traspasar la barrera de la indiferencia, y alzarse sobre la sociedad y reclamar un espacio merecido que poco a poco fue siéndole retirado cuando la máquina capitalista y el interés puntual decidió mirar a otra parte y a la nueva desgracia de moda. Carolina María murió pobre y olvidada en 1977. Una one-hit-wonder de la literatura. Una víctima más del éxito fugaz, del hambre voraz por la novedad, y coger el tren que solo pasa una vez en la vida pero cuyo trayecto son dos únicas estaciones.

Txaro Kandler se mimetiza como la escritora y su interpretación transita por todo ese via crucis de la favela a la casa de ladrillo, del anonimato a la breve fama, de la sospechosa cronista, a la fugaz tertuliana; de la mísera madre soltera, al desprecio de un servicio doméstico que no le respeta por origen y color de piel. Extraordinario arco dramático de un actriz versátil y natural. Como también lo es Agustina Suárez, en todos esos papeles secundarios que eclipsan la escena y se sienten breves. La presentadora de TV necesita un spin-off, precisa de un monólogo, un monográfico en esa primera edición de un programa que ojalá ver en escena en su totalidad. Catalina Peláez Ros, ante semejantes titanas en la escena, tiene un papel menos agraciado y cuya presencia en la historia no termino de encajar y siento prescindible; obviamete los esfuerzos de Catalina son evidentes, pero desde el texto su inclusión y trascendencia me resultan prescindibles.

Entiendo el contrapunto de que toda miseria, es miseria aunque esta se vista de ropa de marca, y el caso de Carolina María de Jesús es claramente lo de la chica y el polígono, en el contexto favela; y que la autora podía ser juzgada y repudiada por sus iguales, pero si se miraba más allá, quizás su voz era más la de una cronista de un contexto ignorado, mas que una vieja del visillo (sin que esto supusiera que en alguna ocasión los escritos de Carolina María fuesen juzgones más que descriptivos), pero quizás siento que el relato peca de cándido y buenista, sin ocultar que Carolina María tenía un fuerte carácter y su afabilidad era extremadamente selectiva.

Hambre es un proyecto escénico que cumple de forma efectiva y didáctica con su premisa didáctica, de dar a conocer a una autora silenciada por lo académico, sepultada en el olvido de ese vertedero del arte del consumo inmediato y las novedades, y cuya valía únicamente sale a la luz gracias a los arqueólogos literarios, los verdaderos lectores, y las mentes inquietas y concienciadas como las de la autora y directora, Viviana López Doynel, que aportan novedad, valía, enseñanza vital y experto ojo para descubrir joyas, desenterrar joyas, e invocar voces de la historia que merecen ser oidas y corporeizadas.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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