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11.03.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Gordas, lisiadas y mamarrachas – Crítica 2026

Gordas, lisiadas y mamarrachas, creada e interpretada por Anna Marchessi y Coria Castillo, llega al Teatro del Barrio de Madrid como una comedia irreverente que utiliza el humor para cuestionar los estereotipos que todavía atraviesan nuestros cuerpos, nuestro lenguaje y nuestra idea de normalidad.

La función comienza incluso antes de que el público termine de acomodarse en sus asientos. Cuando los espectadores entran en la sala, las actrices ya están en escena interactuando con ellos, marcando desde el primer momento el tono cercano y participativo que definirá todo el espectáculo. A través de una sucesión de monólogos y sketches, la obra articula una crítica social que parte de las experiencias personales de sus protagonistas, que utilizan la comedia como herramienta para desmontar los prejuicios con los que la sociedad sigue mirando a quienes se salen del canon.

El espectáculo juega constantemente con referencias de la cultura popular para construir su discurso. A lo largo de la función aparecen distintos números que parodian formatos televisivos y universos reconocibles: desde sketches que recuerdan a realities como Gran Hermano o El Diario de Patricia, hasta divertidas reinterpretaciones del mundo de Harry Potter y de las noticias del telediario. A través de estos recursos, Anna Marchessi y Coria Castillo abordan temas como la gordofobia, el capacitismo, el lenguaje inclusivo o la idea de normalidad, planteando preguntas incómodas, pero necesarias, sobre la verdadera inclusión.

Uno de los aspectos más destacados del espectáculo es la química escénica entre ambas intérpretes. Su complicidad y su ritmo cómico sostienen el montaje con naturalidad, alternando monólogos, diálogos e improvisaciones con el público. Resulta especialmente divertida la interacción con los espectadores, que desde el inicio de la función pasan a formar parte del juego escénico: uno de los asistentes es elegido como interlocutor recurrente durante la obra, convirtiéndose en una especie de personaje improvisado al que las actrices interpelan en distintos momentos del espectáculo.

En el plano escénico, la propuesta apuesta por la sencillez: dos sillas, dos pequeñas mesas y una pantalla de proyección que funciona como apoyo visual para introducir los distintos sketches. Sobre ella aparecen memes, cartelas o vídeos que acompañan el ritmo del espectáculo y refuerzan su tono humorístico. El trabajo técnico de Eduardo Vizuete y Raúl Baena también adquiere un papel especialmente activo en la dinámica de la función. La iluminación, los cambios de foco y la música no solo marcan el paso entre los distintos números, sino que se integran en el propio juego escénico, generando momentos de diálogo entre las actrices y el equipo técnico que aportan frescura y complicidad. Los audiovisuales de escena, a cargo de La Dalia Negra, contribuyen a ese lenguaje híbrido que mezcla teatro, cultura pop y estética digital.

El resultado es una propuesta divertida, directa y muy conectada con el público. Gordas, lisiadas y mamarrachas demuestra que la comedia puede ser también un espacio de reflexión crítica, donde reírse de los prejuicios se convierte precisamente en una forma de cuestionarlos.

Crítica realizada por Mar Gimeno

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