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02.06.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
Giulio Cesare – Crítica 2025

El Gran Teatre del Liceu de Barcelona presenta Giulio Cesare de Georg Friedrich Händel, en una coproducción con la Dutch National Opera, bajo la dirección escénica de Calixto Bieito. Xavier Sabata y Julie Fuchs, dos grandes expertos en el siglo XVIII, son los encargados de interpretar los roles de Giulio Cesare y Cleopatra en una producción que reflexiona sobre los arquetipos humanos y las dinámicas de poder desde una mirada atemporal.

Giulio Cesare in Egitto, de Händel, narra el encuentro entre el general romano Julio César y Cleopatra, en plena lucha por el control de Egipto tras la muerte de Pompeyo. Cuando César llega a Alejandría, se ve inmerso en el conflicto dinástico entre Cleopatra y su hermano Tolomeo, que aspira a controlar el reino. Cleopatra, decidida a recuperar el poder, seduce a César y consigue su apoyo. Paralelamente, Cornelia y Sesto, viuda e hijo de Pompeyo, buscan venganza por el asesinato de su padre a manos de Tolomeo. La ópera combina pasión, venganza y juegos de poder, con una Cleopatra astuta y carismática y un César que, pese a la guerra y la traición, acaba triunfando gracias a su capacidad estratégica.

Giulio Cesare in Egitto suele considerarse la que exhibe el despliegue musical más hábil y la mejor caracterización de los personajes de todas las operas dede Händel. En ella, el compositor pudo trabajar bajo unas condiciones únicas en toda su trayectoria: con un muy buen equipo a su disposición, un presupuesto elevado y mucho tiempo para componer.

Giulio Cesare está basada en varios textos romanos de historia —principalmente en el poema de Marco Anneo Lucano, La Farsalia, escrito en tiempos del emperador Nerón— que documentaban la guerra civil que un siglo antes había enfrentado a Julio César y Pompeyo.

La derrota de Pompeyo tuvo lugar a las afueras de Alejandría, que es donde empieza la historia adaptada para la ópera: al llegar victorioso a Egipto, Cesare descubre que el faraón Tolomeo, en un intento de ganarse su favor y evitar que lo destituya del trono, ha matado a Pompeyo y le ha cortado la cabeza. Esta decisión irritará al general romano, y esta toma de partido hará que varios personajes quieran aliarse con él para satisfacer sus propios intereses.

Giulio Cesare es una ópera ambientada en el pasado, pero no es una ópera histórica: su interés reside en cómo presenta los arquetipos y los valores humanos adaptados a los intereses políticos del siglo XVIII. Así, Bieito traslada la ópera a un tiempo presente para explorar, con una mirada contemporánea, la lucha por el poder, la obsesión por el sexo, el deseo de venganza y la necesidad de perdón en un mundo cada vez más marcado por la violencia y el egoísmo. Al igual que Händel y el libretista Nicola Francesco Haym, Bieito no aborda esta ópera con una intención documental, sino como una exploración de la naturaleza humana y de las motivaciones más profundas de los personajes. Una idea interesante que, de nuevo, nos deja ver que todos los temas que la opera trata siguen vigentes en una sociedad cada vez más preocupada por el control y el poder. Nada nos viene extraño y todo resuena actual bajo la visión de Bieito y la dramaturgia de Bettina Auer.

En relación a la escenografía creada por Rebecca Ringst, que al parecer está inspirada en el pabellón tecnológico de Arabia Saudí creado para la Expo 2020 de Dubái, he de decir que este no alcanza la grandiosidad esperada en escena. Es un espacio relativamente extraño, una jaula cuyo interior no acaba de ser explotado en la obra pero que sí funciona a la perfección con las proyecciones videográficas de Sarah Derendinger.

En la parte actoral, destacar el gran trabajo de sus protagonistas. Xavier Sabata como Cesare y Julie Fuchs como Cleopatra, nos ofrecen un duo interpretativo excelso. Por su parte, Fuchs nos presentó una Cleopatra elegante y con capacidad emotiva. Su dicción y proyección vocal arrancaron varios vítores entre el público. Una reina espléndida que se convirtió en lo mejor de la noche.

Por su parte, Xavier Sabata nos presentó un Cesare lleno de dramatismo y con un fraseo elegante. Aunque en ocasiones su proyección vocal le jugó alguna mala pasada, nos presentó un personaje bastante sólido y lleno de emoción que le ofreció grandes vítores en los saludos finales. Hay que tener en cuenta que, esta vez, la obra se interpretó con un diapasón a 415 Hz, lo que hace que el tono sea mas bajo de lo normal; algo que complica el trabajo de los cantantes que pierden brillantez en el registro semi agudo y agudo presentando una coloratura más oscura y pesada. Pese a estas dificultades, Sabata se sobrepuso para presentar un Cesare a la altura de lo esperado.

Junto a sus dos protagonistas, pudimos disfrutar del trabajo de la mezzosoprano italiana Teresa Iervolino, como una desdibujada Cornelia. Su colorido instrumento y su gran solidez en los registros grave y agudo, nos ofreció una excelente carácter dramático para su personaje.

La sorpresa de la noche la tuvimos con el magnífico trabajo entregado por el contratenor canadiense, de origen persa, Cameron Shahbazi, quien se estrenaba en el gran teatro y nos presentó un excelso Tolomeo de un timbre de gran belleza. Una técnica controlada y una proyección excelsa, lo convierten en uno de los contratenores más destacados del panorama actual.

Quien también se llevó grandes vítores y aplausos, fue la mezzosoprano británica Helen Chariston, quien presentó a un Sesto con una gran proyección vocal que se inició algo estridente pero que fue solucionando a medida que la opera avanzaba llevándolo a un terrena más dramático. Ella también debutaba esa noche en el gran teatro. Destacar el duetto entre Cornelia y Sesto “Son nata a lagrimar” donde ambas actrices dieron lo mejor de sí.

Completaron el elenco el barítono José Antonio López con un desalmado Achilla, el barítono Jan Antem como Curio, y el contratenor Alberto Miguélez Rouco como un sentido Nireno.

Por último, destacar el gran trabajo de la orquesta presente esa noche. Bajo la batuta del octogenario William Christie, la orquesta barroca creada para la ocasión con retazos de la Orquestra del Liceu y el conjunto del mismo director americano, Les Arts Florissants, más algunos colaboradores habituales, nos ofrecieron una magnífica sonoridad barroca que deleitó al público.

Fue un gozo escuchar un conjunto tan perfecto y extraordinario bajo el diapasón habitual en tiempos de Händel y con instrumentos originales. El foso, situado algo más elevado de lo habitual, ofreció una sonoridad de conjunto brillante y agradecida. Christie, consiguió así entregar un sonido perfectamente empastado y lleno de expresividad y efectivas pausas dramáticas. Un magnífico trabajo desde el foso que se convirtió en lo más aplaudido de la noche.

Crítica realizada por Norman Marsà

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