
El pasado 6 de junio, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona celebró su Gala lírica anual para conmemorar el 178 Aniversario del coliseo de la ópera. Cuatro voces consagradas, Marina Rebeka, Clémentine Margaine, Martin Muehle y Ludovic Tézier, fueron los encargados, bajo la batuta del maestro Giuseppe Finzi, de ofrecer una noche de ópera inolvidable.
El Gran Teatre del Liceu celebró su 178º aniversario con cuatro grandes voces internacionales que actualmente encarnan la excelencia vocal. La soprano Marina Rebeka, la mezzosoprano Clémentine Margaine, el tenor Martin Muehle y el barítono Ludovic Tézier protagonizaron una velada llena de momentos de gran intensidad emocional. Ellos fueron los encargados de dar vida a personajes clave de la historia del género, como Carmen y Don José, el Cid, Thaïs y Athanaël, Dalila, Andrea Chénier, Leonora y Luna, o Amneris y Radamès; grandes representantes de compositores imprescindibles como Bizet, Massenet, Verdi, Saint-Saëns o Giordano.
La velada se inició con una primera parte dedicada a la ópera francesa que arrancó con la majestuosa obertura de Le Cid interpretada por la Orquesta del Gran Teatre del Liceu bajo la enérgica batuta del maestro Giuseppe Finzi. Un inicio lleno de fuerza que animó al público presente, deseando ver qué podría disfrutar tras tan fantástico inicio.
No tardó mucho en aparecer en escena la primera cantante, la soprano Marina Rebeka, quien interpretó «Pleurez! Pleurez mes yeux» (Le Cid) con un gusto exquisito y una formidable expresividad; demostrando el amplio registro vocal que posee. La soprano letona, que debutó en el Gran Teatre del Liceu en la temporada 2021/22 cantando Norma, inició un concierto que se preveía épico.
Seguidamente, apareció en escena Clémentine Margaine, quien interpretó “Mon coeur s’ouvre à ta voix” (Samson et Dalila) de una forma demasiado apasionada. Le faltó la seducción que exuda el personaje; algo que suele ocurrir con algunos cantantes en presentaciones estilo concierto. El público del Liceu se reencontró con la mezzosoprano francesa, considerada una de las mezzos más destacadas de su generación, que ha alcanzado un reconocimiento internacional en las últimas temporadas en teatros como el Metropolitan Opera, la Opéra national de Paris, la Deutsche Oper Berlin o la Bayerische Staatsoper tras su última interpretación en el coliseo de la ópera en Adriana Lecouvreur (2023/24). Un encuentro muy esperado por sus seguidores que aplaudieron a rabiar todas sus interpretaciones.
Tras ello, le tocó el turno a los dos varones presentes de la noche, Ludovic Tézier y Martin Muehle, quienes respectivamente interpretaron «Voilà donc la terrible cité! Alexandrie!» (Thaïs) y “Ah! tout est bien fini – Ô souverain, ô juge, ô père” (Le Cid). Tézier impresionó al respetable con su primera aria, a pesar del exceso de volumen de la orquesta. Muehle, por su parte, realizó una primera interpretación algo tibia como primer punto de contacto con el escenario.
El tenor brasileño Martin Muehle es otro de los grandes nombres de la lírica actual que ha llevado su personalidad artística a los principales teatros del mundo. Ante el público de Barcelona ha interpretado óperas como Turandot, Cavalleria rusticana y Pagliacci. Muehle también regresará a este escenario la próxima temporada interpretando a Enzo Grimaldo en La Gioconda.
Por su parte, el gran barítono francés Ludovic Tézier es otro de esos artistas que ha tejido una auténtica historia de amor con el público del Liceu gracias a sus modélicas interpretaciones desde su debut en la temporada 2006/07 con los títulos más importantes de su repertorio: Manon Lescaut, Le nozze di Figaro, Falstaff, La forza del destino, Macbeth o Il trovatore…
Antes de finalizar la primera parte, como no podía ser de otra manera, llegaron los primeros y aplaudidos duetos. Marina Rebeka y Ludovic Tézier intepretaron “C’est Thaïs, l’idole fragile…” (Thaïs), y Clémentine Margaine y Martin Muehle “C’est toi! C’est moi!” (Carmen). Pareció que, por fin, los cantantes daban rienda suelta a su voz y experiencia sobre las tablas sin sobre pensar en la canción. Se les vio disfrutar, recibiendo grandes aplausos y vítores que preveían una segunda parte excelsa.
Tras la pausa, la Orquesta del Gran Teatre del Liceu inició la segunda parte de la velada con la Obertura de Nabucco. Una segunda parte dedicada al verismo italiano que nos presentó arias de Il Trovatore, Andrea Chénier o I vespri siciliani; entre otras.
Clémentine Margaine fue la primera en aparecer en escena para interpretar «Condotta ell’era in ceppi” (Il trovatore). Una interpretación que emocionó al público presente pero que a mi, de nuevo, me dejó tibio al anteponer el sonido frente a la dicción.
Seguidamente, Muehle presentó un entregado “Colpito qui m’avete!… Un dì all’azzurro spazio” (Andrea Chénier), y Rebeka se lució ante el público con un apoteósico “Mercè, dilette amiche” (I vespri siciliani).
Por su parte, Tézier recuperó su buen hacer y se lució ampliamente con un perfecto y ovacionado “Nemico della patria” (Andrea Chénier).
Para cerrar el programa oficial, volvimos a disfrutar de dos dúos excelsos: Clémentine Margaine y Martin Muehle entregaron un fantástico «L’abborrita rivale a me sfuggia» (Aida); y Marina Rebeka y Ludovic Tézier se lucieron con un excelso “Udiste! …Mira di acerbe lacrime” (Il trovatore); posiblemente el aplauso más agradecido y sonoro de la noche.
Como no podía ser de otra manera, la velada no podía acabar sin los bises. Nos deleitaron con dos dúos extras. Margaine y Rebeka nos regalaron una extraña versión de la Barcarolle (Les contes d’Hoffmann) que, aunque bien aplaudida, no llegó a entusiasmar. Y Muehle y Tézier entregaron una sublime y brillante interpretación de “Si, pel ciel” (Otello) con la que cerraron la noche del aniversario con broche de oro.
Crónica realizada por Norman Marsà




