
La compañía Nao d’Amores es la encargada de cerrar la temporada en la sala pequeña del Teatro Español de Madrid con una apuesta arriesgada, la puesta en escena de Farsa y licencia de la reina castiza, un correoso e inteligente texto de uno de los grandes, Ramón María del Valle-Inclán.
Antes de la consolidación del esperpento como una de las grandes aportaciones de Valle-Inclán al teatro europeo, Farsa y licencia de la reina castiza ya contenía buena parte de las obsesiones del escritor gallego. Publicada en 1920 e integrada después en Tablado de marionetas para educación de príncipes, la obra convierte la corte de Isabel II en un inmenso teatrillo de guiñol donde la corrupción, la doble moral, la ambición y el abuso de poder desfilan con descaro. La anécdota argumental —un chantaje a la reina a partir de unas cartas comprometedoras— es apenas el pretexto para levantar una sátira feroz sobre un país deformado por sus propias miserias. Valle-Inclán retrata un universo grotesco en el que nadie se salva y donde la risa siempre deja un poso amargo. Esa capacidad para convertir la caricatura en radiografía política explica que el texto conserve su vigencia.
Llevar esta pieza a escena no resulta sencillo. Su lenguaje exuberante, la acumulación de referencias históricas, su particular musicalidad verbal y la constante convivencia entre lo popular y lo culto constituyen barreras de entrada para un espectador actual poco familiarizado con este universo. Encontrar el equilibrio exige comprender que la fuerza de la obra no reside únicamente en la sátira política, sino también en su dimensión profundamente teatral, en esa condición de gran mascarada donde personajes, objetos, música y palabra participan de un mismo mecanismo escénico.
Reto ante el que la compañía Nao d’amores vuelve a demostrar la solvencia que la ha convertido en una referencia del circuito teatral español. Fundada por Ana Zamora hace ya un cuarto de siglo y distinguida con el Premio Nacional de Teatro 2023, la formación ha construido una trayectoria ejemplar recuperando el patrimonio dramático medieval y renacentista desde una mirada contemporánea. Espectáculos como Misterio del Cristo de los Gascones, Nise, la tragedia de Inés de Castro, Numancia o Hacia ecos de lo sagrado acreditan una forma de entender la escena basada en la investigación, el rigor histórico y la imaginación teatral. Que ahora se adentren en Valle-Inclán puede parecer un desplazamiento respecto a su territorio habitual, pero el resultado confirma que comparten con el autor una idéntica fascinación por el artificio escénico y la potencia expresiva de la tradición.
La dirección de Ana Zamora encuentra el pulso exacto para que la representación avance con agilidad, subrayando toda la comicidad, la ironía y la feroz crítica social y política que atraviesan el texto sin convertir nunca el discurso en una proclama. Cada escena parece impulsada por una energía contagiosa que hace convivir precisión y juego. A ello contribuye un logrado trabajo conjunto de David Faraco en la escenografía y los objetos, Deborah Macías en el vestuario, Juan Gómez-Cornejo en la iluminación y Víctor Pliego de Andrés en la dirección musical, con una música en directo perfectamente integrada en la acción. Súmese a ello la labor de un elenco en el que el trabajo coral y la conjunción entre Miguel Ángel Amor, Paula Iwasaki, Alejandro Pau, Aisa Pérez, Rafael Ortiz e Isabel Zamora es total.
El resultado merece ser celebrado. Farsa y licencia de la reina castiza exige disposición por parte del espectador, pero ese requerimiento nunca se convierte en distancia. La propuesta acaba envolviendo gracias a la inteligencia de su puesta en escena y a la extraordinaria capacidad del elenco para sostener el tono entre la farsa y el esperpento. Uno sale del teatro con la sensación de haber asistido a una función divertida, afilada y profundamente estimulante, que no solo entretiene, sino que despierta el deseo de seguir leyendo, comprendiendo y dialogando con un autor que obliga a abandonar la comodidad del espectador pasivo para implicarse activamente en la mirada crítica que propone.
Crítica realizada por Lucas Ferreira.




