novedades
 SEARCH   
 
 

05.10.2017 Teatro  
Espacio, lugar y movimiento para la música clásica

El Teatre Condal acoge la nueva propuesta de Jordi Puntí y la OCE (Orquestra de Cambra de l’Empordà). Desconcerto acerca la música clásica a un público menos avezado que el habitual sin escatimar en la calidad de la ejecución y olvidando cualquier tipo de prejuicio elitista en el acercamiento. El resultado es un espectáculo divertido, ocurrente y ameno.

Puntí ha sabido mantener un balance entre el humor imperante en la propuesta y la dirección de intérpretes. Todo lo blanco e inocente que se quiera, no hay tanto una intención de explicar una historia que enlace las distintas piezas interpretadas como de romper cualquier barrote o barrera mental que el público de artes escénicas pueda tener. Lo auditivo y lo visual compartiendo plano narrativo. La aproximación del trabajo corporal de los intérpretes se mueve por el terreno del teatro gestual o del mimo. Sin llegar a las artes circenses, podemos comprobar cómo se ha captado la torpeza, ingenuidad y buen corazón de este tipo de personajes en su vertiente más cómica.

El trabajo físico con los intérpretes es muy importante para el éxito de Desconcerto. La iluminación también juega su papel. Aunque las piezas interpretadas no sigan una narración estricta que las entrelace, sí que se crea la ilusión de una dramaturgia que nos mostrará lo que podría ser un ensayo previo a un concierto y cómo lo vive cada uno de los miembros de la orquesta, así como cuáles son las motivaciones de cada uno de ellos y en qué estilo musical piensan o se imaginan para buscar inspiración para su interpretación. De este modo, la música folk, moderna, incluso electrónica o beatbox tiene cabida y posibilidad de interacción. Como decíamos, la iluminación de Àngel Puertas y el mismo Puntí ayuda a cerrar o abrir el espectro alegórico en función de la intimidad del momento.

La puesta en escena es mínima. Caja escénica vacía, algo que teniendo en cuenta las dimensiones del teatro podía ser arriesgado. Este detalle está bastante bien resuelto gracias a la disposición de la orquesta alrededor de Carles Coll Costa, director de la misma que, en esta ocasión, explota una vis cómica insospechada, convirtiéndose en álter ego de Puntí en escena. Tampoco hay piezas de vestuario que distraigan la atención de la materia prima de la que se nutre el espectáculo, que es (una vez más) el trabajo de los intérpretes.

Precisamente, y para evitar una actitud del público meramente contemplativa Coll Costa sabe cómo hacer que de la escucha activa surja la participación de los espectadores. De un modo muy simple, las estructuras y ritmos que se repiten nos convertirán en integrantes de la función. Al mismo tiempo, se nos explicará de manera lúdica y sin academicismos cómo interfieren los distintos tiempos y familias musicales. Una pedagogía a través del entretenimiento y la diversión, factores todos muy bien entendidos en Desconcerto.

Finalmente, el desconcierto inicial con el que juega el título se resuelve a favor de un espectáculo que nos convence sobretodo por la desenfadada interpretación de la OCE. El virtuosismo musical se muestra sin caer nunca en el exhibicionismo gratuito para ofrecernos una velada agradable y que rompe varias lanzas en favor del género y del formato.

Crítica realizada por Fernando Solla

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES