
El Teatro Español de Madrid presenta en su sala principal Esencia, un texto de Ignacio García May dirigido por Eduardo Vasco e interpretado por Juan Echanove y Joaquín Climent. Propuesta con la que sumergirnos en los misterios de la creación literaria y disfrutar con su buen resultado sobre el escenario.
La acción de Esencia se articula sobre el encuentro casual de dos viejos amigos, Pierre —profesor de universidad especializado en literatura clásica— y Cecil —escritor de best sellers y colaborador mediático—, quienes, tras años distanciados, se reencuentran en un restaurante. En el inicio de la conversación, ambos discurren con reverencia sobre los clásicos literarios (Shakespeare, Balzac, Tolstoi…) como creadores del canon del arte de la narrativa. Pero pronto la charla deriva hacia la literatura contemporánea para debatir sobre el papel de los autores hoy y su relación con las listas de ventas.
Mientras Pierre defiende postulados más clásicos, Cecil representa la escritura cuyo fin es llegar al público. Contraste a partir del cual Ignacio García May inicia un debate sobre el proceso creativo partiendo de la premisa de quién puede albergarse tras el aparente seudónimo del creador de uno de los best sellers de los últimos años. Esencia plantea una dialéctica que tensiona lo clásico y lo contemporáneo, al mismo tiempo que introduce la incógnita de qué queda de autor en un mundo saturado de estímulos, imágenes, impactos y voces.
La dirección de Eduardo Vasco ensancha las aristas del texto sin diluir su sutileza. Sobre un escenario diáfano, con un diseño escénico mínimo —mesa de un restaurante, dos sillas y una evocación arquitectónica— firmado por Carolina González, los parlamentos, argumentos y sensaciones compartidos reverberan embaucando a su público. La iluminación de Miguel Ángel Camacho acompaña ese enfoque, modulando presencias y perfilando la esencialidad de los diálogos y su hondura cuando se vuelven casi monólogos.
En el apartado interpretativo, Juan Echanove y Joaquín Climent desprenden química y complementariedad. Echanove demuestra su talento asumiendo la ambigüedad intelectual de su personaje, el profesor Pierre. Los matices de su voz y la seguridad de su presencia transmiten autoridad sin imposición. Climent, por su parte, aporta al montaje una ligereza estratégica, su tono ligero ejerce de mediador entre el público y la búsqueda intelectual que tiene lugar en el escenario.
Esencia es un desafío. Lo que parece un planteamiento liviano, dos hombres sentados hablando, va tejiendo una espiral conceptual que remite al poder de la literatura, a los laberintos del acto creativo y al universo que rodea la escritura y la lectura. Su clímax crece, incluyo, con los guiños cómicos que se le lanza al público. A su finalización, el discurso no se disuelve y la profundidad lograda conserva su peso. El espectador sale con preguntas, con fragmentos de ideas, con el ejercicio de reconstruir lo visto.
Para concluir, remarcar que la intención de García May encuentra en el planteamiento escénico y dramatúrgico de Vasco un compañero teatral perfecto. Trabajo reconocido con la respuesta entregada de un público unido y atento a la propuesta discursiva de una obra exigente, pero profundamente estimulante por su conjugación de inteligencia y emoción.
Crítica realizada por Lucas Ferreira




