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17.04.2026 Críticas / Crónicas, Teatro  
Els Estunmen – Crítica 2026

Els Estunmen aterrizó el pasado 15 de abril en el Teatre Lliure de Montjuïc en Barcelona como una de las propuestas más ambiciosas de la temporada. Ópera, acción y reflexión en un mismo artefacto escénico. Y una idea de fondo que lo atraviesa todo: ¿qué significa ser héroe hoy?

Creada y dirigida por Nao Albet y Marcel Borràs, la pieza se adentra en el mito del héroe desde una mirada contemporánea, utilizando como eje la figura de los especialistas de cine, los stunts. La historia arranca tras la muerte trágica de un hijo, detonante de un viaje de venganza que sirve como excusa para explorar cómo se ha construido —y manipulado— la idea de heroicidad a lo largo del tiempo. En escena conviven música, acción física y relato, en un cruce constante entre lo épico y lo íntimo.

La dirección de Albet y Borràs se lanza sin red al terreno operístico con una propuesta canalla que mezcla lenguajes sin pedir permiso. Hay voluntad de espectáculo, sí, pero también de cuestionamiento constante. La escena se convierte en un campo de batalla entre lo real y lo representado, donde la acción física convive con la partitura y donde el exceso —marca de la casa— se transforma en herramienta narrativa. No todo busca encajar, y ahí reside buena parte de su fuerza.

La dramaturgia se construye desde esa misma hibridación. No hay una línea narrativa convencional, sino una acumulación de capas que dialogan entre sí: lo épico, lo íntimo, lo violento y lo simbólico. El texto —cuando aparece— no pretende imponerse, sino convivir con la música y la acción física, generando un relato fragmentado que obliga al espectador a posicionarse. Aquí, el sentido no es único, ni cerrado.

En escena, el montaje despliega un equipo amplio y heterogéneo donde conviven intérpretes y especialistas. Nao Albet, Marcel Borràs, Óscar Dorta, Núria Lloansi, Marc Padró, Óscar Pérez, Carlos Robles, Cadmi Albet Tamarit y Mael Borràs-Clotet sostienen la acción dramática, transitando entre lo performativo y lo físico con una entrega constante, destacando especialmente la presencia escénica de Núria Lloansi, que aporta ese anclaje emocional necesario dentro del despliegue conceptual. A su lado, el trabajo de los especialistas —Daniel Domínguez, Attila Kiss, Andreu Kreutzer, Genís Lama, Adrià Rosell, Pablo Sacristán, Emiliano Sosa y Yeray Vesga— introduce una dimensión de riesgo real que traslada el lenguaje del cine de acción al escenario teatral, generando una tensión poco habitual y reforzando la idea de espectáculo total.

La música es uno de los grandes motores del montaje y se interpreta en directo por una formación orquestal del Gran Teatre del Liceu de casi una veintena de músicos. Bajo la dirección musical de Fernando Velázquez, la partitura se despliega como un universo sonoro que combina referencias clásicas con pulsiones contemporáneas, acompañando y, en muchos momentos, impulsando la acción escénica. No se limita a subrayar, sino que construye emoción, ritmo y épica, dialogando de tú a tú con lo que sucede sobre el escenario.

En el apartado técnico, la propuesta apuesta por un despliegue escénico de gran formato. La escenografía de Max Glaenzel se convierte en un espacio mutable donde la acción puede expandirse con libertad, integrando elementos propios del cine de acción dentro del lenguaje teatral. El vestuario de Sílvia Delagneau y la caracterización de Toni Santos acompañan esta construcción, reforzando ese cruce entre lo épico y lo contemporáneo.

La iluminación de Andreu Fàbregas y el diseño de sonido de Igor Pinto trabajan en esa misma línea, potenciando la espectacularidad sin perder de vista la creación de atmósferas que sostienen la dramaturgia. A ello se suma la sonorización de la orquesta a cargo de Ignasi Nogueras, clave para integrar la música en directo dentro del conjunto escénico. Especial mención merece el trabajo de efectos especiales creados por In Extremis, que acerca el montaje a un territorio poco transitado en la escena convencional y refuerza esa sensación de estar ante una pieza que juega constantemente con los límites del teatro.

En definitiva, Els Estunmen no es una ópera al uso, ni pretende serlo. Es un artefacto escénico que mezcla disciplinas, lenguajes y referentes para cuestionar uno de los grandes relatos de nuestra cultura: el del héroe. Puede resultar excesiva, irregular o incluso abrumadora por momentos, pero también es valiente, ambiciosa y profundamente contemporánea. En un panorama donde muchas propuestas buscan la comodidad del espectador, aquí se opta por lo contrario: sacudirlo. Y eso, hoy en día, ya es mucho.

Crítica realizada por Norman Marsà

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