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21.05.2021 Teatro  
El trío millennial

La compañía Teatro en Vilo irrumpe sobre las tablas de las Naves del Español en Matadero de Madrid con una obra tragicómica de pretensiones existencialistas, Generación Why, que sorprende por su originalidad y por la presencia de tres fantásticas actrices que conquistan al público desde el primer momento.

Un relato que no deja indiferente a nadie donde la joven compañía de teatro, fundada en Londres por las directoras y dramaturgas Noemi Rodríguez y Andrea Jiménez, despliega toda su artillería de humor absurdo y poética corporal para apostar una vez más por espectáculos diferentes en los que se juega con la realidad y la ficción y con los que uno se identifica fácilmente. Llevaba bastante tiempo siguiendo la pista a Teatro en Vilo pero no fue hasta febrero de este mismo año (más vale tarde que nunca) cuando pude disfrutar de su maravilloso montaje Hoy puede ser mi gran noche y, como no podía ser de otra manera, caí rendida ante él. En esta ocasión las expectativas eran máximas con Generación Why y, aunque no me parezca una propuesta tan redonda e interesante como la anterior, es un montaje que arriesga y funciona y que supone una buena razón para volver al teatro.

Todo gira en torno a una pregunta: ¿qué quieres para tu futuro? Tres actrices provenientes de Galicia (España), Reino Unido e Italia, se enfrentan a sus posibles porvenires dejando al descubierto las ambiciones y los miedos de una generación (de la que yo también formo parte) agobiada por la imposibilidad de cumplir expectativas. Todas ellas están expuestas a la voz de la directora, Andrea Jiménez, que las somete mientras exprime al máximo el asunto para que expresen sus sentimientos frente a una vida de la que deben hacerse cargo. Chiara Goldsmith manifiesta una enajenación que va en aumento a medida que transcurre el tiempo e inunda toda la sala con su admirable trabajo actoral y sus maravillosas dotes vocales. Después toma protagonismo Noemi Rodríguez, vuelve a regalarnos una verdadera lección interpretativa evidenciando que sabe aprovechar su talento, su vis cómica y su fabulosa presencia escénica para dotar de frescura a esta obra que logra crear un vínculo que emociona de principio a fin. Una mujer a seguir. Por último, Roisin O´Mahony se hace cargo de la última parte del espectáculo y explota la barrera lingüística real pero, a mi parecer, queda un poco descolgada del resto aunque las tres desprenden mucha química y conectan en escena haciendo que casi todo encaje a la perfección. La directora trabaja desde una propuesta indudablemente contemporánea en la que se integra para dar rotundidad al texto.

Me parece muy acertado el uso de una escenografía sencilla, a cargo de María José Martínez, que nos traslada de una emoción a otra sin la necesidad de grandes desplieguen que nos distraigan de lo realmente importante. La iluminación, a manos de Miguel Ruz, cumple bien su función y dota de potencia y fuerza cada movimiento escénico. Y es que todo fluye para que el público esté inmerso y se implique en este montaje en el que se aprovecha muy bien la inmediatez del medio para hacernos reflexionar sobre nosotras mismas.

Las Naves del Español añaden un punto de originalidad a la representación porque propician cercanía, conexión e intimidad con entre las actrices y el público, cuestión que también se logra gracias al diálogo que mantienen con los espectadores y espectadoras y a la ruptura de la cuarta pared que se traduce en dinamismo y espontaneidad.

Y hasta aquí puedo contar de este arriesgado montaje que, indiferente, desde luego, no deja a nadie. ¡Por muchas más, Teatro en Vivo!

Crítica realizada por Patricia Moreno

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