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19.06.2018 Teatro  
El pequeño gorrión de París sobrevuela Madrid

Llega al Teatro Fígaro de Madrid el musical Piaf, voz y delirio sobre la tormentosa vida de la célebre cantante Edith Piaf. Leonardo Padrón se encarga de adentrarnos en la dramática historia de la cantante francesa interpretada por Mariaca Semprún.

Edith Giovanna Gassion (París 1915) – Edith Piaf – nació en una familia pobre y desde pequeña tuvo que ganarse la vida cantando en las calles de la capital francesa hasta que el dueño de un importante cabaret se fijó en ella y la contrató. A partir de entonces, su éxito no dejó de creer y actualmente su herencia musical sigue viva. Por ello se ha construido Piaf, voz y delirio; un espectáculo basado en un texto original de Leonardo Padrón en el que nos narra su vida a través de multitud de canciones: «La vie en rose», «Milord», «Non je ne regrette rien», «L´hymne a l´amour» que la cantante interpretó y que nos acercan a la personalidad de esta artista de la mano de Mariaca Semprún.

Todos los presentes en el patio de butacas tuvimos la gran suerte de escuchar a Edith Piaf, gracias al gran trabajo de la actriz venezolana que es capaz de imitar su potente voz y su característico acento francés. Después de cada canción los espectadores querían aplaudir pero el frenético ritmo de la obra no siempre lo permitía y hubo quien se quedó con las ganas más de una vez. Es cierto que Mariaca Semprún hace un extraordinario trabajo en lo que a las números musicales se refiere pero en el resto del texto comenzaba con acento francés y acababa hablando con un marcado acento venezolano.

Siempre acompañada por una magnífica banda de músicos, liderada por Hildemaro Álvarez y situados al fondo del escenario, estos dotan, con su gran trabajo, de frescura al musical que comenzó con numerosos fallos de sonido; se oían constantes ruidos y golpes en el micrófono e incluso éste se apagó y la protagonista tuvo que seguir sin él. Fallos que lograron solucionar con el paso de la obra pero que en determinados momentos nos distrajeron de lo que estaba ocurriendo en las tablas. Esto también sucede con el hecho de que el teatro admita entrar en la sala una vez comenzada, y bastante avanzada, la función.

La puesta en escena de Piaf, voz y delirio es muy versátil. Consistente en muros y elementos con los que recrean habitaciones, moviéndose con un ritmo desenfrenado de un lado a otro del escenario a manos del resto del elenco que, sin mediar palabra, realiza multitud de movimientos escénicos al servicio de la protagonista. Quizá se pretenda introducir al público en el caos en el que se sumerge la vida de Piaf pero finalmente logra distraer, e incluso fatigar, tanta actividad sobre las tablas.

La cuidada iluminación acompaña en todo momento el dramatismo de la obra, abriendo espacios de luz distantes que muestran tiempos distintos en la vida de la cantante francesa y que enfatizan sus canciones junto a unas grandes cortinas rojas encargadas de acompañar sus grandes números musicales.

En definitiva, independientemente de lo que se conozca sobre la vida o la música de la célebre cantante francesa, merece la pena disfrutar de esta conmovedora obra y del gran trabajo de su protagonista cuya voz se acerca muchísimo a la verdadera Piaf.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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