
El Maldà de Barcelona presenta El meu germà, una divertida y emotiva propuesta teatral y musical dirigida por Marc Artigau i Queralt. La obra explora con humor y sensibilidad la compleja relación entre hermanos —hecha de complicidad, discusiones y afecto—, y también lo que significa crecer sin ellos.
La historia nos presenta la dinámica entre dos hermanos que, curiosamente, también lo son en la vida real. Todo queda en familia. A través de canciones, recuerdos, anécdotas y momentos compartidos, Robert y Llorenç González nos invitan a recorrer su universo familiar. Entre risas, nostalgia y complicidad, consiguen que el público se vea reflejado en más de una situación. La canción de cuna, las peleas entre hermanos, los celos, la añoranza cuando no están y todos esos pequeños momentos cotidianos construyen una historia cercana y muy humana.
Marc Artigau i Queralt dirige esta propuesta aprovechando a la perfección la intimidad de El Maldà. La cercanía con el público permite que los intérpretes se ganen a los espectadores desde el primer momento. La obra está construida a partir de pequeñas anécdotas que dan paso a canciones, bailes, poemas y conversaciones que van tejiendo una historia aparentemente caótica, pero que encuentra siempre su orden dentro de ese maravilloso desorden que caracteriza a las relaciones familiares.
Los grandes protagonistas son, sin duda, Llorenç González y Robert González. Más que interpretar la obra, parecen vivirla sobre el escenario. Ambos sostienen el espectáculo de principio a fin y se convierten en el corazón de este popurrí de recuerdos, canciones e interpretaciones. Rompen constantemente la cuarta pared, interactúan con el público, bailan, cantan y tocan instrumentos en directo, sin perder nunca la naturalidad. Su química es indiscutible y transmite una autenticidad que solo puede surgir entre dos hermanos reales.
Además del humor, que está presente durante toda la función, ambos saben encontrar momentos de una melancolía sincera. Porque El meu germà habla de la familia, de la unión, del amor y también de la ausencia. Y ellos consiguen transmitir todas esas emociones con una cercanía que resulta imposible no apreciar.
En el apartado técnico, la escenografía diseñada por Enric Romaní recrea perfectamente el universo familiar donde transcurre la historia. Un piano en una esquina, una mesa de comedor al otro lado, una litera en el centro y una gran cortina roja conforman un espacio sencillo pero muy significativo. Cada elemento tiene una función dentro de la narración y despierta recuerdos de infancia, de hogares compartidos y de esos espacios donde crecemos junto a nuestros hermanos. A lo largo de la obra aparecen también otros objetos que enriquecen el relato y ayudan a construir cada recuerdo.
La iluminación de Claudia Sierra acompaña con eficacia el tono musical del espectáculo. Predomina una luz clara y abierta que favorece los números musicales, aunque los cambios entre tonos cálidos y fríos ayudan a situar emocionalmente cada escena y permiten identificar fácilmente los distintos momentos de la historia.
La música merece una mención especial. Los propios intérpretes Robert y Llorenç cantan y tocan instrumentos en directo, aportando una calidad artística notable a toda la función. Lejos de ser un simple acompañamiento, la música se convierte en una parte esencial del relato. Cada canción amplía las emociones de los personajes y aporta una originalidad que eleva la propuesta más allá de la comedia convencional.
En definitiva, El meu germà es una obra cálida, divertida y profundamente cercana. Es de esas funciones que se disfrutan especialmente cuando uno se reconoce en lo que está viendo. Ya sea porque tienes hermanos o porque alguna vez has sentido el peso y el valor de la familia, la historia conecta fácilmente con el espectador.
Salí del teatro con la sensación de haber compartido una conversación íntima llena de recuerdos, risas y cariño. Un aplauso para todo el equipo que ha hecho posible esta propuesta y, especialmente, para los hermanos González, que consiguen convertir algo tan cotidiano como la hermandad en un espectáculo emocionante y muy divertido. El meu germà es, sin duda, una obra para disfrutar, emocionarse y recordar a aquellas personas que, para bien o para mal, siempre estarán a nuestro lado.
Crítica realizada por Yadi Agurto




