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07.10.2025 Críticas / Crónicas, Teatro  
El mestre i margarita – Crítica 2025

En estos tiempos, con la situación de Palestina, el director y dramaturgo Àlex Rigola ha decidido volver a las salas del Teatre Lliure de Montjuïc en Barcelona con Mikhaïl Bulgàkov, adaptando El Mestre i Margarita. Una de las mejores novelas reivindicadoras en ruso inspirada en Moscú de los años treinta.

Poncio Pilato, Yeshúa (sí, el mismísimo Jesús), cuatro empresarios rusos, un esquizofrénico, Satanás, un gato, Margarita y un profesor. ¿Qué tienen en común todos ellos? Que, literalmente, están como una cabra. El Mestre i Margarita es una obra que abraza el caos con elegancia, una tormenta de ideas, locura y simbolismo que te sacude durante más de dos intensas horas —con una pausa de veinticinco minutos para recuperar el aliento. La experiencia es una auténtica montaña rusa emocional. En cada escena, el desconcierto se mezcla con la fascinación, la risa con la reflexión. Y, sinceramente, hacía tiempo que no veía algo tan atrevido en un escenario.

Nada mejor que empezar por su elenco. Los intérpretes son Biel Duran, Carles Roig, Carlota Olcina, Francesc Garrido, Frank Capdet, Jordi Figueras, Jordi Rico, Laia Manzanares, Miranda Gas, Nao Albet, Nil Cardoner, Roger Julià, Sandra Monclús y Xavi Sáez que van apareciendo para encarnar personajes tan distintos como potentes. La figura de satanás, sin duda, fue uno de los grandes descubrimientos de la noche: desde el inicio hasta el final mantiene al público en vilo. Su presencia, su voz y su ambigüedad hacen que nunca sepas quién es realmente. Además, los cambios de vestuario que realiza son casi una performance dentro de la obra —pasar de una túnica larga a un crop top en cuestión de segundos merece un aplauso aparte.

El esquizofrénico, que parecía destinado a ser protagonista, acaba convertido en un observador más de su propio delirio, y ese giro me pareció fascinante. A partir de ahí, el caos se apodera del escenario: personajes nuevos, aliados, enemigos, una banda liderada por satanás, todo se entrelaza hasta formar un mosaico de demencia y lucidez.

A medida que avanza la trama, la iluminación, el sonido y el vestuario a cargo de Raimon Rius, Igor Pinto y Vera Moles adquieren un protagonismo esencial. Las luces —destellantes, precisas, casi hipnóticas— crean efectos visuales que te sumergen por completo en la persecución y el ritmo vertiginoso de la historia. Sin una sola palabra, solo con movimientos y destellos, la tensión se sostiene magistralmente.

En cuanto a la escenografía de Patricia Albizu, pocos elementos, pero muy bien aprovechados: los sofás (uno de dos plazas y otro individual) funcionan como anclas en medio del delirio, y la plataforma giratoria —mi favorita— se convierte en el centro neurálgico de la acción, aportando dinamismo y un toque surrealista que encaja a la perfección.

El diseño sonoro de Igor Pinto es otro de los grandes aciertos: los cambios de volumen, los silencios, los sobresaltos… todo contribuye a mantenernos alerta. La música y los efectos son tan importantes como los propios diálogos. Cada voz está perfectamente definida: el gato con su tono peculiar, Albet en el papel de Mestre en su voz susurradora y calmante, Manzanares en el personaje de Margarita con su ingenuidad luminosa… cada detalle vocal ayuda a situarnos en ese universo desbordante.

Y por supuesto, el vestuario de Vera Moles. Colorido, contextual, divertido y oportuno. Sin esos cambios constantes, sería fácil perderse en el torbellino de escenas. Gracias a ellos, la narrativa se mantiene coherente dentro del caos.

A nivel temático, El Mestre i Margarita no se anda con rodeos. Entre sátiras y carcajadas, la obra aborda temas profundos: los problemas sociales, la religión, el poder y la naturaleza contradictoria del ser humano. Es una mezcla de humor ácido, crítica existencial y delirio poético. No es una obra para todos los gustos, pero sí una experiencia que te obliga a pensar y sentir al mismo tiempo.

La intensidad de esta obra es tal que es imposible describirla del todo con palabras. Te sacude, te desconcierta y, sobre todo, te deja con ganas de más. Es una de esas experiencias teatrales en las que sabes cómo entras, pero no cómo sales.

Un gran aplauso a Àlex Rigolas como director y dramaturgo, que ha sabido coordinar con precisión cada escena y trasladar con maestría la esencia del libro original. Adaptar El mestre i Margarita no es tarea fácil —su carga histórica, filosófica y emocional es inmensa—, pero aquí logran que cobre vida en un lenguaje escénico contemporáneo, eléctrico y lleno de energía.

Yo me quedo con lo que vi, lo que escuché y lo que sentí. Si quieres entender de qué trata la trama ya que es bastante fiel al libro; y además quieres vivirlo, no te puedes perder esta obra en el Teatre Lliure. Prepárate para reír, pensar, sorprenderte y salir con el cuerpo revuelto. Porque cuando menos te lo esperes… ¡te van a sorprender!

Crítica realizada por Yadi Agurto

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