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06.11.2015 Teatro  
El ladrón que ablandó el corazón

Mis amigos irlandeses me dicen, por experiencia, que una buena historia irlandesa es siempre mitad verdad y mitad invención. Y que, por otra parte, cuanto más se cuenta más se desplaza la balanza hacia la segunda. Así que con lo que Josep Julien nos relata en esta obra es posible que se haya hecho una montaña de un grano de arena.

El monólogo de Conor McPherson cuenta la historia de un matón irlandés que paradógicamente tiene un corazón de oro. A parte de dedicarse a cumplir los encargos que su jefe Joe Murray le ordena, el matón sin nombre se ve atrapado en circunstancias que no son de su propia creación y que como si de una espiral fuera de control se tratara; sufre consecuencias tan oscuramente cómicas como trágicas.

EL BON LLADRE es la historia de un perdedor que intenta cambiar su destino y huir de él pero al que Conor McPherson dirige hacia el infierno con un relato aparentemente sencillo pero muy humano.

Josep Julian, con chandal y palillo en la boca se sienta entre cajas de botellines y comienza a explicarnos la historia. Habla con tanta seguridad y confianza que desde la butaca en ocasiones se asume el rol de amigo. Con una extraña tranquilidad nos explica cómo se ha llegado a encontrar en un tiroteo, un asesinato y cómo su exnovia le invade la mente y el corazón.

El director Xicu Masó ha presentado un montaje milimetrado y cuidando el más mínimo detalle. Comenzando por Josep Julien, que ha sido quien nos ha trasladado a irlanda y nos ha hecho dudar de la culpabilidad de su personaje con una de las mejores interpretaciones de su carrera. Lo más difícil es hacer un monólogo vivaz en el que sientas que conoces a los personajes de los que habla y ya has estado en los lugares que menciona.

En conclusión, este ladrón es un road movie cargado de suspense, acción, comedia y amor, de todo vaya.

Crítica realizada por Milena Vazquez

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